Los humanos necesitamos – y es bueno que así sea- cambiar el relato cuando sentimos que nos hemos convertido en las malas o los malos de la película.
Una forma es aceptar el hecho, pero explicar que, dadas las circunstancias, no pudimos actuar de otra manera.
Si no se pudieran comprender nuestros errores, ¿quién podría salvarse?
Otra cosa muy distinta es negar la falta y convertir las circunstancias, o a quienes la descubrieron, en culpables.
Ocurre en nuestra vida y ocurre demasiado en política.
La verdadera comprensión borra la culpa, ya no necesita trasladar la culpa a nadie.
Cuando seguimos proyectándola sobre los demás, todavía somos prisioneros de ella, no nos hemos restaurado por la comprensión.
Nadie borra su culpa culpando a los demás. Los demás ya tienen bastante con digerir sus propios errores.
Comprender no significa negar la responsabilidad, significa dejar de necesitar culpables para poder mirar lo ocurrido.
Va por otra vía…
Por entender nuestras circunstancias, pero también las del prójimo.


