La tentación de quien ostenta el poder es creer que, en vez de servir, posee: un país, un departamento o lo que sea.
Eso puede generar una sensación de grandiosidad.
La tentación de quien está bajo el poder es atribuirle toda la responsabilidad a quien lo ostenta, incluso por aquello que escapa a su control, ya sea una tormenta, un terremoto o una pandemia.
Las dos posturas tienen una profunda raíz infantil.


