Recuerdo a un paciente que me manifestó estaba contrariado con su médico.
Padecía una enfermedad neurológica que cursaba con irritabilidad, y le habían prescrito topiramato, uno de los tratamientos más indicados.
El problema era que, cada vez que lo tomaba, se irritaba todavía más.
Cuando se lo explicaba al médico, este le respondía:
– Es que eso que me cuenta no está descrito.
Y el paciente contestaba:
– Pues ya se lo describo yo.
La ciencia es un objeto, y la persona, el sujeto.
La ciencia es lo que ocurre en otras personas.
Gracias a ella sabemos si hay correlación con el efecto.
Pero lo determinante es cómo te sienta el fármaco a ti.
Si un medicamento te provoca una reacción paradójica, aunque seas el único caso en la historia, para ti eres el cien por cien de la muestra.
Como decía uno de mis maestros, Joan Vegué, siempre hay que mirar caso por caso.


