¿Defiende el cristianismo el humanismo radical?
Pues según él, Dios se hace humano y nos eleva también a su categoría.
Veamos en qué dijo y cómo actuó Jesús sobre las bases del humanismo.
1. La humildad
La humildad no consiste en considerarse inferior ni superior a nadie, sino en reconocer con verdad nuestra fragilidad. Jesús pone en primer término la humildad.
«El mayor de vosotros será vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
«De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.»
«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.»
«Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.»
«Yo estoy entre vosotros como el que sirve.»
Y en los escritos posteriores se dicta: «Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.»
Una de las frases más hermosas sobre la humildad de Jesús es:
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.»
2. Lenguaje y el tono adecuados.
El humanismo no utiliza un lenguaje condenatorio ni de riña, sino esclarecedor.
Y cuando pone límites, lo hace con firmeza y valentía, sin ambages, para que se impida un daño evitable.
En los Evangelios vemos que Jesucristo suele llamar al cambio, pero lo hace con la fuerza de la verdad. No humilla a las personas para destruirlas, sino que las ayuda a reconocer su situación y a recomponerse en una alternativa mejor.
«Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… porque soy manso y humilde de corazón.»
Jesús no comienza reprochándole sus pecados a Zaqueo; entra en su casa, lo acoge, y esa cercanía mueve a Zaqueo a convertirse.
Sin embargo, cuando encuentra dureza de corazón, hipocresía o injusticia, sí habla con gran firmeza.
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!»
Jesús es dulce con el pecador arrepentido, paciente con el que busca sinceramente y firme con la injusticia y el abuso de poder de las autoridades en nombre de Dios.
3. La comprensión
Se llama «pecado» a utilizar mecanismos compensatorios de autosuficiencia ante nuestra condición de carencia.
Si además de revelarlo y condenarlo, advertimos la causa, podemos facilitar el cambio.
Jesús no minimiza el pecado, pero casi siempre busca primero la herida, la ignorancia, la debilidad o la necesidad que hay detrás de él, para sanar la raíz antes que castigar el fruto.
«Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios y las blasfemias.»
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
«¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?»
«El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.»
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
Incluso en la cruz busca comprender la ignorancia y la ceguera que hay detrás del pecado.
«Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.»
Jesús reconoce explícitamente la debilidad humana.
En el encuentro con la samaritana, Jesús no comienza condenando su situación. La lleva poco a poco a reconocer la verdad de su vida hasta abrirse a la gracia.
«Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.»
No vino principalmente a condenar, sino a rescatar.
Y quizá la síntesis más hermosa esté en:
«Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.»
4. No juzgar
Cuando Jesús invita a no juzgar, no está negando el discernimiento entre el bien y el mal; lo que rechaza es la actitud de superioridad moral.
No juzgar significa no colocarse por encima de los demás. Reconocer primero la propia fragilidad.
Dejar el juicio último al Amor, que es el único que conoce plenamente el corazón humano.
Quien conoce sus propias limitaciones suele ser menos propenso a condenar las de los demás.
Ya dijo:
«No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; con la misma medida que midas, te medirán»
«El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra.»
«Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»
La diferente oración del publicano y el fariseo:
«Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador.»
«¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?»
«Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.»
5. El perdón.
El perdón es una parte nodal de su doctrina.
«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.»
«Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.»
«Perdonad, y seréis perdonados.»
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
«Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen.»
«Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.»
Jesús muestra el perdón para un nuevo comienzo, como cambio del corazón, no por miedo al castigo.
«Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»
6. Libertad.
Jesús no imponía ni siquiera la curación física, y apelaba a la voluntad siempre
«Tu fe te ha salvado»
7. Dignidad.
“Todo lo que quieran que los demás hagan por ustedes, háganlo también por ellos.”
“Ámense los unos a los otros como yo los he amado.”
“Lo que hicieron con uno de estos hermanos míos más pequeños, conmigo lo hicieron.”
“¿No valen ustedes mucho más que los pájaros?”
“Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.”
“He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.”
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
«Misericordia quiero, y no sacrificio»
«Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.»


