Me conmueven los vídeos donde perras y perros rescatados eligen a la persona con la que quieren quedarse.
La escena es casi siempre similar: un perro se acerca a una persona sentada, la huele, la observa, duda apenas un instante y, de pronto, se abalanza con una alegría desbordada o apoya el hocico con una confianza absoluta.
Entonces la persona rompe a llorar y se estremece, agradecida por sentirse elegida.
No puede haber una señal más valiosa que reconocer en alguien la fidelidad, después de haber vivido un abandono.
Por eso conmueve tanto, porque ese encuentro no es una simple elección, sino un reconocimiento de lo mejor que tienes:
quien eres.
Y en ese momento, el can te convierte en amor incondicional, la condición más sublime que puede alcanzar un ser humano.
Por eso se dice, con razón, que es un rescate mutuo.


