Cuando una persona muy responsable me cuenta que, después de un conflicto -en general laboral-, ha desarrollado una patología física, y un dolor que no consigue tolerar, suelo preguntarle:
«Usted en el trabajo no paraba, ¿verdad?
¿Ha sido muy exigente consigo mismo, no?».
Casi siempre me responden: «¿Y usted cómo lo sabe?».
De ello se aprovecharon si trabajó por cuenta ajena.
Cuando alguien me habla de una carencia afectiva importante, de un padre alcohólico que le pegaba o de una madre muy fría, intento ayudarle a comprender cómo esas experiencias influyeron en su personalidad y en su manera de relacionarse.
Pero aquí aparece uno de los principios fundamentales de la salud mental. Cuando hablamos de los progenitores, les digo:
«Su padre o su madre también fueron hijos, de sus padres y de su época».
Yo no soy adivino -les digo a veces en broma-, porque, si no, estaría forrado. Pero, su padre o su madre, si revisa, tambión tuvieron una carecia afectiva, ¿verdad?
Y casi siempre me suelen decir: «¿Y usted cómo lo sabe?».
Y entonces me cuentan…«Sí, a mi padre también le maltrataron» o «Mi madre se quedó huérfana».
Este es uno de los principios esenciales para la salud mental: describir sin juzgar, justificar a las personas, no a sus actos.
Así podemos hablar de nuestra familia, reconocer que les pasó igual que a nosotros, y superar el mayor enemigo para entender sanamente las relaciones: la condena y la culpa.


