La psiquiatría me enamoró porque lo tiene todo, pero como trata de lo subjetivo hay un punto ciego demasiado grande, especialmente en la ansiedad y la depresión.
Las consecuencias de un estado grave pueden ser tan dramáticas como las de cualquier otra especialidad médica.
Precisamente porque se trabaja con una realidad tan subjetiva, existen muchas diferencias entre profesionales, también condicionadas por su propia subjetividad.
Una visita puede durar cinco o diez minutos si solo se pregunta por los síntomas y cómo sienta la medicación, sin entrar mucho más.
Pero, si quieres ir a las causas y revisar a esa luz los cambios que se pueden lograr en el afrontamiento personal, la cosa se alarga un poquito más.
Por eso, cuando alguien del personal del centro que visito me dice, al haber pacientes esperando: «Oye, date más prisa, no les dediques tanto tiempo», callo y hago lo que creo que debo hacer.
Pero una vez una persona me insistió tanto que le dije: «¿A un cirujano que estuviera operando a tu hija, Dios no lo quiera, le meterías prisa y le pedirías que terminara rápido? Pues yo voy a visitar al próximo paciente igual que si estuviera operando a tu hija».
No me lo volvió a decir más.
Como le dijo mi querido padre a un director, en una época en la que no se podía contestar, ante una situación similar: «Nunca va a conseguir nadie que visite mal a un paciente».
¿Te imaginas pidiéndole a un cirujano que mire el reloj mientras está operando un aneurisma de aorta?
Siempre pongo estos ejemplos cuando alguien me lo dice reiteradamente, y al poner el espejo de lo objetivo, al menos me respetan más.
Lo entiendo, porque quien me lo decía no sabía lo que hago en consulta, si no, no me lo hubiera dicho.


