Lo que a selección española ofreció contra Francia fue lo más parecido al amor expresado en técnica futbolística.
La excelencia aparece cuando cada uno pone su talento al servicio de los demás.
Los futbolistas se apoyaban y se ofrecían constantemente, había cuatro siempre rodeando la pelota y celebraban cada recuperación casi como si fuera un gol.
Nadie estaba solo, había hermandad.
Puede haber genialidades, pero el fútbol es un deporte de equipo.
Ya lo disfrutamos con la Holanda de Johan Cruyff, la Quinta del Buitre del Madrid, el Milan de Arrigo Sacchi, el Barcelona de Messi, Xavi, Iniesta y Busquets o la España de Luis Aragonés, Vicente Del Bosque o Luis de la Fuente.
El placer que producen es otro nivel.
Y otro detalle: Luis de la Fuente casi nunca habla de sí mismo. Siempre dirige el foco hacia sus futbolistas, elogiando con cariño su talento, su esfuerzo y su bondad.
Ha llegado a decir que, sin lo tercero -la bondad-, quizá el edificio se vendría abajo.
Es lo que cohesiona y al final, es ella la que vence.
Ojalá esta forma de entender el éxito inspirara también las demás secciones del telediario.


