Una de las mayores suertes, es que Messi sabe que lo mejor que tiene es un don.
Un don se recibe, nadie puede concedérselo a sí mismo.
Eso no le ha evitado tener que trabajar y esforzarse como el que más.
Pero tener esa conciencia hace que no necesite de la soberbia y sea una persona agradecida.
Quien sabe que ha recibido mucho como él, puede tratar a los demás con una generosidad especial.
Por eso no es de extrañar que levante la mirada al cielo después de su muchos goles.
Una humildad que le permite ser líder sin dejar de ser uno más.
Creo que Messi ha transmitido a la selección argentina el espíritu de hermandad, que conecta con su pueblo.
Una gran inspiración, por cierto, para la infancia.
A ello se suma el bueno de Scaloni, un hombre sensible y de gran corazón, que ha sabido cuidar del grupo con ese mismo espíritu.
Vaya como vaya, Argentina ya ha ganado en lo más importante, algo que trasciende el resultado.
Además de ganar mi corazón -salvo, naturalmente, cuando juegue contra España-.
Y buena parte de la culpa la tiene mi entrañable amigo Marcelo, un gran hermanador.
¡Querida Argentina!



