La cruz es, en el fondo, el mayor acto de solidaridad.
Es llevar por momentos la sombra del prójimo a medias.
Todos cargamos una cruz, así como alguien también carga la nuestra.
Cuando no podemos hacer el bien también sufrimos otra forma de «cruz», en el fondo, aunque no seamos conscientes.
Cuando cargamos sin odio la cruz del prójimo, puede producirse un impulso de mejoría.
Quizás sea el gozo más profundo para un ser humano, la verdadera gloria.


