Quien perdona, renuncia a la violencia o responde con generosidad cuestiona, sin pretenderlo, a quien todavía no está en disposición de hacerlo.
Por eso no es raro que se intente minimizar, ridiculizar o desacreditar a quien procura actuar de esa manera.
La cruz es que necesita convertir al que hace el bien en sospechoso e intentar silenciarlo para que no alumbre su falta.
Es duro.
Porque la verdad incomoda a la mentira; la dignidad, al abuso; la libertad, a la manipulación.
Cuando esto ocurre conviene ser prudentes, y que nadie se vanaglorie de lo que, en gran medida, es un don. No provocar innecesariamente y hablar solo cuando pueda hacer el bien.
Así el mensaje puede calar cuando menos lo esperemos o, al menos, solo se carga con la cruz inevitable.
Jesús lo expresó con una sabiduría difícil de superar:
«Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, sagaces como serpientes y sencillos como palomas.»


