Vamos a analizar algunos capítulos de la historia desde el punto de vista del factor humano.
El objetivo no está en compartir hechos históricos -hay personas que lo harían mucho mejor que yo-, sino un relato sencillo de cómo se comportan los sistemas humanos, cuando expanden con la fuerza y cuál es el resultado que se repite una y otra vez.
Tampoco nos detendremos en una de las expresiones más altas de lo humano, el arte, que ha acompañado siempre a la historia de forma pacífica y contribuido a nuestra felicidad.
Una historia de la humanidad, por cierto, que la ha sostenido el esfuerzo y la bondad de personas sencillas, sin las cuales ninguna sociedad habría perdurado.
Empecemos.
El Homo sapiens surgió en África hace mucho tiempo, y durante la mayor parte de su existencia, fue nómada porque dependía directamente de la naturaleza para subistir.
La lucha de nuestra especie en el principio fue consigo misma y con su entorno natural, por sobrevivir.
No tenía sentido al principio grandes luchas entre los humanos.
Vaya paradoja, por cierto, que nuestros antepasados se originaran en África y ahora sea el continente más olvidado.
Cuando algunos grupos descubrieron que podían domesticar plantas y animales, permitió tener alimentos de forma más estable, quedarse en un mismo territorio y formar asentamientos permanentes, dando origen a las primeras comunidades organizadas.
Con ellas empezaron a haber límites, y el desarrollo humano tomó básicamente dos caminos distintos:
1 Respetando la vida de los demás y los límites territoriales, mediante la cooperación, el comercio o la migración.
2 Codiciando otros territorios, invadiéndolos y conquistándolos por la fuerza, pasando por encima de la vida de las personas.
Surgieron jerarquías que concentraban las decisiones en manos de un líder y de unos pocos que ofrecían protección y orden a sus súbditos a costa de sumisión y privilegios.
Desde entonces, la historia humana ha oscilado de forma constante entre esas dos tendencias: cooperación o dominio.

El avance del ser humano ha sido constante, y gracias al desarrollo de la agricultura y la organización social surgieron antiguas civilizaciones como Egipto y Mesopotamia.
Aunque las guerras ya existían en la Antigüedad, a medida que las sociedades y sus ejércitos se volvieron más complejos, algunas civilizaciones desarrollaron una expansión a gran escala: los imperios, como el acadio, el babilónico, el asirio, el egipcio y el persa.

Conviene hacer una parada en una época tan prodigiosa en lo intelectual que parecía adelantada a su tiempo: la Antigua Grecia.
Allí surgieron pensadores cuya influencia sigue viva, como Sócrates. Su método mayéutico, basado en hacer pensar por uno mismo sin condicionamientos, y su coherencia ética resultan aún hoy asombrosos.
Sus discípulos, Platón y Aristóteles, profundizaron en cómo observar la realidad no solo desde las apariencias, sino desde sus causas -respectivamente-. Criterios que nos darían lucidez si se aplicaran hoy en día.
Por si fuera poco, en Atenas surgió una de las primeras formas de democracia, aunque con importantes limitaciones, pero cuyo espíritu no ha sido alcanzado aún por muchos países de nuestra era.
El mundo subjetivo fue entendido por Grecia de manera prodigiosa.

Alejandro Magno, rey de Macedonia, heredó de su padre la hegemonía sobre las polis griegas y, lejos de conformarse, lanzó una gran campaña militar contra el Imperio persa, conquistando territorios hasta Egipto y gran parte de Asia, construyendo así un vasto imperio.
Sin embargo, en pocas décadas aquel imperio que parecía destinado a perdurar quedó fragmentado, mostrando lo efímero que son los imperios.

Luego le tocó el turno a Italia.
Roma levantó uno de los imperios más grandes y duraderos de la historia, el Imperio romano, que dominó un enorme territorio de unos 5 millones de km².
Dejó una huella enorme en leyes, cultura y forma de organizarnos.
Su parte occidental llegó a tener alrededor de 70 emperadores; con el tiempo, ese mundo se fue desgastando poco a poco, hasta que en Occidente cayó cuando el último emperador fue depuesto por pueblos germánicos.
En Oriente sobrevivió como el Imperio bizantino, con capital en Constantinopla, resistó casi mil años más antes de caer finalmente ante los otomanos.
El imperio que parecía imparable terminó siendo un recuerdo, mostrando una vez más el resultado del poder expansionista humano.

En la Edad Media hubo nuevas expansiones, en parte ligadas a una nueva religión: el islam.
Tras la predicación de Mahoma, se impulsó una rápida expansión por Oriente Medio, el Norte de África, Asia Central y la Península Ibérica, difundiendo la nueva religión y favoreciendo importantes avances y la preservación del conocimiento científico.
Con el tiempo, estos grandes dominios se fragmentaron en distintos califatos y reinos debido a divisiones internas y presiones externas. Como siempre.

También existieron las invasiones mongolas bajo el liderazgo de Gengis Kan, hacia China, Persia, Rusia y Europa del Este, integrando rutas comerciales como la Ruta de la Seda. Fue el segundo imperio en extensión de la historia.

El imperio mongol se desintegró cuando, tras su máxima expansión, sus sucesores se dividieron y se enfrentaron entre sí. Cómo no.

El renacimiento de las monarquías de Europa, con ejércitos mayores, supuso un repunte de la ambición de expandirse hacia territorios cercanos o dominios coloniales de ultramar.

Así, la Edad Moderna marca el dominio de Europa.
Le llega el turno a España, con uno de los hechos más decisivo de la historia: Cristóbal Colón, en 1942, navegando por cuenta de los Reyes Católicos de España, llegó a las islas del Caribe dando pie al mundo globalizado.
El imperio de España se lanzó a conquistar también en África y Asia, convirtiéndose en la gran potencia de su época.
Con el paso de los siglos, ese poder empezó a desgastarse: a comienzos del siglo XIX, la mayoría de las colonias americanas se independizaron, cerrando un ciclo.
Lo que parecía un dominio permanente resultó ser, otra vez, caduco.
De ese proceso nacieron grandes imperios coloniales que enriquecieron a las potencias europeas, y dejaron una huella profunda de desigualdad y conflicto que aún resuena en la historia.

La Edad Contemporánea, las monarquías absolutistas mostraban un contraste brutal entre el poder y la vida del pueblo.
En Francia, la nobleza y el clero vivían en un mundo de lujos, mientras la mayoría de la población cargaba con impuestos insoportables y pasaba hambre.
Esa desigualdad cotidiana, sumada a crisis económicas, fue un caldo de cultivo perfecto para la Revolución francesa en 1789, ante la insostenible autoridad de Luis XVI y sus cortesanos.
Fue un estallido humano de freno al poder concebido como un privilegio extremo.

Francia pasó por años de caos tras la Revolución francesa, un periodo donde las promesas de libertad, igualdad y fraternidad enfrentaban la dura realidad del hambre y la guerra.
Y ahora le toca a Francia su expansión.
En ese contexto surgió la figura de Napoleón Bonaparte, que primero se presentó como salvador del orden y la estabilidad. Sin embargo, en 1804 se proclamó emperador, concentrando el poder en su persona y transformando los ideales de la Revolución en un proyecto de conquista y expansión personal.
Su desastroso intento de invasión de Rusia en 1812, y derrotas en la Península Ibérica y Alemania, mostraron los límites de su poder.
Finalmente, fue derrotado, y la realidad se impuso ante la fantasía del dominio construido sobre la fuerza.

Tras la caída de Napoleón Bonaparte, Europa volvió a reorganizarse; en Reino Unido, que salió relativamente fortalecida tras las guerras napoleónicas, el poder se concentró en manos de una élite industrial y política.
La industrialización provocó un enorme crecimiento económico y modernizando ciudades, pero obreros y trabajadoras enfrentaban jornadas interminables y malas condiciones, mientras los dueños de fábricas acumulaban fortunas.
Nacieron los primeros intentos de organizar derechos laborales, mostrando que el desarrollo económico tiene que ir de la mano del bienestar humano de todas las partes.

Por otra parte, la expansión colonial europea en África se apoyó, otra vez mas, en la superioridad que otorga la fuerza militar.
Reino Unido, Francia, Bélgica, Portugal, Alemania, Italia y España dividieron el continente durante la ‘repartición de África’ en la Conferencia de Berlín (1884–1885), trazando fronteras rectas que ignoraban las culturas y territorios de los pueblos africanos.
Las poblaciones locales sufrieron ocupación militar, explotación de su trabajo y sus recursos, imposición de leyes ajenas y destrucción de sus formas de vida.
Aun así, la resistencia de los pueblos africanos preservó tradiciones. Muchas comunidades siguen lidiando con estas secuelas, siendo unos de los episodios de la historia que más necesitaría de una justa reparación desde el respeto.

Detenernos ahora en el mayor imperio de la humanidad fue el imperio británico.
El Imperio de Reino Unido comenzó su expansión en el siglo XVII, aunque su gran auge se produjo entre los siglos XVIII y XIX.
Gracias al dominio marítimo de la Royal Navy, junto a los avances de la Revolución Industrial, obtuvo territorios en América del Norte y la India, y posteriormente en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, grandes zonas de África y enclaves estratégicos como Hong Kong, Singapur y Gibraltar.
A comienzos del siglo XX, el Imperio Británico alcanzó su máxima extensión, cubriendo aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre y de la población mundial. El imperio «donde nunca se pone el sol”.
El declive comenzó en el siglo XX, tras las guerras mundiales, que dejaron al Reino Unido endeudado y debilitado.
La Independencia de la India y la Crisis de Suez, que evidenció la pérdida de poder frente a Estados Unidos y la Unión Soviética, y confirmó que el Reino Unido ya no podía actuar como superpotencia global.
Finalmente, el imperio se transformó en la Commonwealth, una comunidad de países independientes con vínculos históricos.

Por su parte comentar la historia de Estados Unidos, breve si se compara con la de Europa o Asia.
EEUU nació como país tras la Guerra de Independencia a finales del siglo XVIII y creció con rapidez.
Sus recursos naturales, la llegada de inmigrantes, y la filosofía no poner límite al desarrollo individual crearon un país que ha sido el referente del desarrollo tecnológico, el cine o el deporte.

Ese supremacismo y esa seguridad hizo sentir el derecho de intervenir militarmente en el mundo por interés o por temor a que le desbancaran.
Una forma de superpotencia basada en el individualismo que aún no ha llegado a su fin o a su regulación, como todas llegaron.
Y estamos a la expectativa, pues es la primera vez que el declive llega en la era nuclear cómo será, porque el límite o se ve y se acepta o caerá en el destrucción nuclear.
Volviendo a la Europa colonial del inicio del Siglo XX, como ya no podían invadir más países, y aún no se había colmado el ansia expansionista de Europa, necesitaron invadirse entre ellos. Le toca el turno a Europa, y en especial a Alemania.
La Primera Guerra Mundial, conocida como la guerra de las trincheras, fue el resultado de la rivalidad entre estas potencias (Alemania, Reino Unido y Francia), junto con el interés de Rusia por ampliar su influencia.
La guerra terminó con la derrota de Alemania, el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y Bulgaria. El Tratado de Versalles (1919) atribuyó a Alemania la principal responsabilidad por el conflicto. La guerra causó entre 15 y 20 millones de muertos.

La Segunda Guerra Mundial estalló en gran parte por el resentimiento y la inestabilidad que dejó la Primera G.M. En Alemania; Adolf Hitler impulsó un régimen nacionalista y expansionista que buscaba revancha y más poder. A esa ambición se unieron la Italia fascista y el Japón imperial, mientras que Reino Unido, Francia, la Unión Soviética y Estados Unidos terminaron enfrentándose a ellos. Fue el conflicto más devastador de la historia, y costó entre 70 y 85 millones vidas humanas.
La guerra terminó en 1945 cuando Estados Unidos lanzó sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, mientras la Unión Soviética atacaba al ejército japonés en Manchuria demostranso su superioridad bélica. Japón anunció su rendición.
Hasta hoy, sigue siendo la única vez que se han utilizado armas nucleares en una guerra.
Otra vez, en la historia, la expansión no sirvió de nada.
Desde la II Guerra Mundial, el ser humano descubre un límite a su expansión: la era nuclear. Si es usada toda la fuerza, a partir de ahora nos limitaríamos, nos destruiríamos.
Desde entonces no ha habido una guerra mundial.
Progresivamente ha habido una mejora de los derechos humanos cristalizada en la en la declaración de la ONU en 1948 y la interconexión global, donde la fuerza bruta pierde sentido frente al respeto colectivo
Posteriormente en Europa se instaló el estado del bienestar, las democracias parlamentarias, mayores derechos humanos abandonando el ansia hegemómica expansionista.
Aunque, tras repartirse Africa, aprovecharse y dejarla en guerra civil, no ha habido casi gestos para apoyarla el desarrollo y la paz, que sería de justicia histórica

Tras la Segunda Guerra Mundial, le tocó la consolidación a EEUU y el acenso también a Rusia.
La Unión Soviética emergió como una potencia casi imperial por control estratégico: Stalin consolidó un “cinturón de seguridad” en Europa del Este instalando gobiernos afines en países como Polonia, Hungría y Alemania Oriental, integrándolos en su esfera mediante el Pacto de Varsovia.
Este dominio le permitió disputar la hegemonía global a Estados Unidos durante la Guerra Fría, una amenaza velada bipolar entre las dos grandes superpotencias. EEUU y URSS, que no podían contenerse en la proliferación nuclear; solo hubo algunos acuerdos puntuales para regularla.
Sin embargo, la expansión de poder de la URSS acabó siendo costosa y frágil, como todas.
Las reformas de Mijaíl Gorbachov, aceleraron la pérdida de control sobre los estados satélite, visible en la caída del Muro de Berlín en 1989. Finalmente, en 1991, la URSS colapsó en múltiples repúblicas independientes, poniendo fin al orden bipolar y dando paso a un sistema internacional dominado por Estados Unidos. Fue, dicho por Rusia, la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX.
Desde finales del siglo XX, China que sigue un régimen comunista comenzó a crecer de manera sostenida, enfocándose fortalecer su producción interior y comercio global, evitando involucrarse en guerras internacionales.

En los últimos 40 años, la revolución tecnológica ha transformado profundamente el mundo: el smartphone, la inteligencia artificial y la biotecnología han condicionado totalmente nuestras vidas.

Fue en 2019 aparecieron sin solución de continuidad donde se precipitaron dos hechos que vinieron a cambiar la dinámica del mundo y una gran enseñanza.
La pandemia del Covid-19, que supuso la mayor unión del ser humano en su historia.
La actuación ciudadana quiso salvaguardar lo más importante, la vida, ante lo que absolutamente todo se relativizó.
Se demostró la grandeza de nuestra especie en lo que se ve, se comprueba, en lo objetivo: gracias a que pusimos la la tecnología a nuestro servicio y se pudo hacer frente a un enemigo común y externo: un virus, con muchos menos muertes que la gripe española de 1918.

Tras la pandemia sin tregua reaparecieron guerras en Europa con la invasión de Ucrania por la Rusia de Vladimir Putin.
Y de ahí hasta ahora empezó un declive de nuestra especie, nuestra gran vulnerabilidad, que solo se ve cuando se experimenta en carne propia: el mundo subjetivo.
La diferencia de unidad respecto a la pandemia es abismal.
Apreció las deriva autocrática de las antiguas superpotencias.
Rusia, de la mano de Vladimir Putin progresivamente se dirigido a un régimen que no permite la disidencia.
Una persona cuyas pérdidas familiares e infancia estuvo marcada por la tremenda guerra de Stalingrado.
Rusia, herida tras la desintegración de la URSS, no iba a tolerar perder Crimea ni las regiones rusófonas del este, ni la expansión de la OTAN en Ucrania.
La comunidad internacional no iba a aceptar referéndum. Rusia, de vuelta a un modelo autoritario, con la invasión de parte de Ucrania. La expansividad de Rusia fue herida tras la desintegración de la URSS, encima con la base de que muchos países del Pacto de Varsovia entraron en la OTAN, y ésta amenazaba con llegar a Ucrania.
La decisión aisló a Rusia de Occidente.

A esta guerra siguió en en 2023, el atentado de Hamás en Israel -mató a 1.200 personas en Israel y secuestró a 250-; Israel respondió con una ofensiva militar con más de 70.000 muertos palestinos en Gaza creando además una grave crisis humanitaria.

Por último, el segundo mandato de Donald Trump ha sido una regresión al poder imperial, fruto de la historia de EEUU y la biografía personal de su presidente.
Marcado por la ausencia de límite personal, la falta de la alteridad si no existe connivencia o sumisión, el uso de la amenaza comercial o militar con derrocamiento de regímenes adversos sin capacidad nuclear. Una regresión histórica sin precedentes, avalada electoralmente.
El mundo ha aparecido impotente, como observador, ante la dificultad de contención y de poner límites a EEUU.
Algunas iniciativas presentadas como planes de paz -como en el caso de Gaza- contribuyeron a reducir de forma importante la violencia; sin embargo, las propuestas de reconstrucción se acompañan de intereses estratégicos y económicos propios, sin participación de la población afectada.
Europa al fin ha puesto límites al no apoyar a EEUU en la guerra de Irán.
Su alianza estratégica con Israel le llevó a consentir inicialmente el genocidio en Gaza y luego tener la ascendencia de pararlo, con un proyecto personalista, mezclado con la fantasía de interés económico y sin tener en cuenta la voz del pueblo palestino.
Pero unos meses después ha sido al revés, Trump no podía aguantar la amenaza interna (acusaciones de su vida personal en el pasado, personales y elecciones) que crecían, huyendo de tal angustia y potenciándose mutuamente con Israel para invadir Irán.
La reacción fue el apoyo a Israel de iniciar una guerra a dos contra con Irán, con quien estaban a punto de concertar un acuerdo, de consecuencias imprevisibles. ¿Cuál es un previsible desenlace?
¿Podrán soportar Israel o EEUU perder, siendo potencias nucleares?
Trump siente que se juega la gloria o la nada, el dominio o la aniquilación.
Israel desde su inicio ha sido una país que vence o es aniquilado, un país sin tierra, que cuando la proclama a las 48h le declaran la guerra.
En Israel su génesis ya fue la guerra con el mundo para hacerse un lugar, y no hay otra experiencia: ¿necesitará su autodestrucción para su descanso o trascendencia si la hubiera?

Al mismo tiempo, destaca la creciente polarización y una pérdida de cohesión de Europa y del humanismo frente a la violencia de USA y Rusia.
No obstante, en la actualidad la desigualdad entre países ricos y pobres no se puede medir en años, sino en siglos.
Existe una gran insolidaridad en el ser humano a nivel universal, cuando 700 millones de personas según el Banco Mundial viven en pobreza extrema.
El ser humano en general solo parece que tengamos empatía con los iguales, por nacionalidad o cultura.
CONCLUSIONES Y EVOLUCION DE LA HISTORIA
La historia humana es un relato de lucha por la supervivencia, de dominio de la tierra y de superación.
Pero cuando se estableció y se organizó, inició sin cesar una carrera de expansión voraz, tanto por cooperación como por invasión.
En Europa la expansión y su fracaso se ha experimentado con varios imperios, ha dado paso a sociedades democráticas sin ánimo de hegemonía militar.
Italia con el imperio romano, España con sus conquistas en América, Francia con Napoleón, el imperio británico en el siglo XIX y XX, Alemania en las guerras mundiales, muchos en la colonización de Africa. ¿En qué quedó? Italia, España, Francia, Alemania y Gran Bretaña prácticamente con sus propias fronteras.
¿Cuántos muertos hubo solo por intentar una expansión ilimitada? ¿200 millones para nada?
Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, surgió un límite inédito: el armamento nuclear.
Desde la era nuclear ya no existe el uso de toda la fuerza, porque en vez de expandirnos, nos autolimitaríamos.
Por eso os mapas ya no cambian como lo hacían antes.
Grandes países de tradición europeos se expandieron de forma singular: Italia con el imperio romano, España con sus conquistas en América, Francia con Napoleón, el imperio británico en el siglo XIX y XX, Alemania en las guerras mundiales, muchos en la colonización de Africa. ¿En qué quedó? Italia, España, Francia, Alemania y Gran Bretaña prácticamente con sus propias fronteras.
¿Cuántos muertos hubo solo por intentar una expansión ilimitada? ¿200 millones para nada?
Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, surgió un límite inédito: el armamento nuclear.
Desde la era nuclear ya no existe el uso de toda la fuerza, porque en vez de expandirnos, nos autolimitaríamos.
Por eso os mapas ya no cambian como lo hacían antes.La evolución humana cuando se ve y la experimentación es científica, es impresionate: la tecnología supera la capacidad del ser humano para controlarla.
Pero en las relaciones internacionales y modos de convivencia el ser humano fracasa mucho más.
Las otrora dos superpotencias sufren una involución autoritaria.
La potencia dominante tras la 2ª guerra mundial, EEUU, eligen en su segundo mandato a Trump que advierte que su único límite está en él mismo.
Como país es muy joven y aún necesita experimentar sus límites -acordes a su fuerza, como lo hicieron otros países imperiales, que es mucha.
Al ser la cuna del capitalismo, la fuerza ha emergido de una persona y una élite económica.
Una persona cuyo padre presentó un perfilde ambición y negación de la debilidad, y de sumisión.
En un país donde en el congreso no es frenado por las élites económicas. Trump, que triunfa económicamente, y se salta la ley promete grandeza. Y la mayoría del pueblo americano se la compra.
Nada más tomar el poder, empieza con decisiones de corte autocrático desde un intento de absoluta superioridad mundial, e intentando cambiar por su fuerza y bajo humillación a países con dictaduras no afines, así como la inmigración en su país y la disidencia.
Ese poder desatado empieza a romper las relaciones con los países no sumisos; de hecho acaba sometiendo a su propio entorno y el entorno es sumiso, hasta en ponerse los zapatos que dice, recordando dictaduras antiguas.
La situación se vuelve en lo personal delicada con la amenaza de su vida personal y huye sin remedio para evitar el límite con la guerra de Irán, en connivencia con Israel.
B4 La humanidad progresa técnicamente de manera exponencial en las últimas décadas, e internet y los smartpohones han cambiado nuestras vidas.
Durante el mandato de Donald Trump irrumpe el uso de la fuerza personalista aprovechando que es la primera potencia militar, tanto dentro de EEUU -para eliminar la inmigración-, como fuera de su país, de corte autoritario, con la amenaza constante: económica, militar, e intervenciones para cambiar algunos regímenes adversarios con menor poder militar y sin armas nucleares; Venezuela o la guerra de Irán junto con Israel.
Por todo lo expuesto, y el empeoramiento de la deriva de las dos antiguas superpotencias, la esperanza en la humanidad se va perdiendo.


