La meditación y el mindfulness nos ayudan a vivir el presente, observar nuestros pensamientos y emociones sin quedar atrapados en ellos.
En mi experiencia, es necesario aceptar que también es la realidad externa la que tiene que transformar nuestra conciencia.
Estas dos meditaciones se complementan.
La meditación interna nos ayuda a soltar el control y a responder con mayor libertad; la externa nos invita a poner esa libertad al servicio una sabiduría que todavía no comprendemos, que permite una conciencia universal, espíritu o dios.
La vida nos pone delante situaciones que no hemos elegido que duelen, y nos obligan a soltar los planes de nuestro ego.
Aceptar lo que la vida nos trae, esta otra forma de meditación, que consiste en preguntarnos, con todo nuestro ser, qué nos está queriendo enseñar lo que estamos viviendo. La meditación interior nos purifica de las defensas del ego.
Jesús integró estas dos realidades. El poder interno:
«En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores».
Y la aceptación de la sabiduría externa: «Hágase tu voluntad». «No se haga mi voluntad, sino la tuya». «El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Nuestro poder puede ser inmenso cuando reconocemos que no somos el poder último, lo más difícil ni podemos controlarlo todo.
Quizá vivir el presente pase por unir estas dos meditaciones, para encontrar dentro de nosotros al amor mismo, que brota desde dentro y sopla desde fuera.


