Permitidme una breve fábula.
Un grupo viajaba en coche para entregar un proyecto decisivo para su empresa. A pocos kilómetros de la reunión, uno de ellos sufrió una reacción alérgica grave y empezó a tener dificultades para respirar.
Como el destino estaba muy cerca y la presentación era importantísima, alguien propuso pasar primero por la reunión y llevarlo después a urgencias.
La conductora ignoró la propuesta, cambió de ruta y se dirigió al hospital más cercano.
Mientras conducía, dijo:
«Ahora mismo solo hay una prioridad. Quien no esté con él, está contra él».
En aquella circunstancia, la frase fue justa.
En una situación límite se ve claro, pero en condiciones normales, tendría que ser también así.
Cuando lo que está en juego la integridad, la dignidad o la libertad, estar con alguien es como estar al lado de la vida misma.
Todo lo demás debe quedar subordinado: intereses, ideologías, identidades nacionales…
¿Ocurre así?
Utilizar esta expresión sin este sentido siempre esconde algo.
Ha pasado con el discurso de Trump con Europa y con el Papa, cuando afirmaba que quien no está a favor de él y de la guerra de Irán, está a favor del terrorismo nuclear.
Sin palabras.


