Mucho se ha dicho de Luis de la Fuente.
Quiero destacar dos aspectos, uno muy visible y otro aparentemente pequeño, que nacen del mismo espíritu humanista.
El primero es que hizo posible que la única figura fuera el equipo.
Eso significa que nadie vale menos ni más que otro, hasta la acitud de los que no juegan cuenta.
En un mundo donde a menudo se enfrentan el individuo y el colectivo, De la Fuente demuestra que ambos se engrandecen cuando el objetico es el servicio.
El segundo aspecto está en los detalles. En cada rueda de prensa responde a los periodistas llamándolos por su nombre: «Gracias por la pregunta, Diego…».
Puede parecer un gesto menor, pero no lo es, porque es una forma de reconocer a la persona antes que a la función.
Incluso cuando la pregunta busca la polémica, él reconduce la conversación porque no pierde el respeto y el aprecio del otro.
Sin comentarios. Brutal.


