(Es una frase que se atribuye a un psiquiatra que aportó otra mirada, Carl Gustav Jung, del que hablaremos).
Cuando no comprendemos, juzgamos
Comprender es determinar las circunstancias y los condicionantes que nos llevan a las personas a hacer lo que hacemos en un momento dado.
Una suerte de relatividad humana.
A veces incluso se puede atribuir a nuestra forma de ser, que no ha sido elegida, pero influye mucho.
Depuradas las circunstancias y los velos, se llega a la libertad.
En última instancia, el que aprieta el botón es cada cual.
¿Qué es juzgar? Pasar de los determinantes y circunstancias, y atacar solo a la libertad, a la última esencia irreductible elegida totalmente por cada persona.
«Iba a hacer lo mismo, no pongamos excusas, porque es mala y malo«.
No digo que no. Pero hasta eso puede ser un don que no se ha recibido. Cuidado.
Mi terapeuta, Joan Creixell, cuando yo le decía que alguien era malo, me contestaba «no está bien«.
Uno de los matices más bonitos que he escuchado, y que lo dice todo.
No seamos absolutos. Nadie hace un examen en el útero de bondad y aprueba o suspende por esfuerzo o merecimiento.
Juzgamos cuando no damos opción a la defensa, a evitar actuar mal por lo que sea sea: cuando no damos opción a la salvación.
El criterio humanista es que cuando juzgamos es por desconocimiento, porque algo siempre ignoramos…ese matiz que salva a la persona.
Menos mal.
Y eso, es una alegría.


