Antes de mirar al mundo, tengo que empezar por mí mismo: nadie puede cambiar el mundo desde fuera; cada persona y cada nación solo pueden aprender lo que están capacitadas para aprender.
Una de las cosas que más cuestan al ego -al menos al mío-, es aceptar que no se puede cambiar a nadie.
De hecho si se pudiera hacer, sería una invasión y un acto «violento», porque cada persona solo cambia por sí misma, y si es que tiene la disposición para hacerlo, como tan bien explica Juan Miguel Zunzunegui.
Zunzunegui, a propósito de «si la humanidad tiene remedio» -dice-, «se trata de que tú tengas remedio; no se trata de que la humanidad aprenda, sino de que tú aprendas».
Eso no quiere decir que no nos movamos para buscar la justicia y la paz -ojalá lo hagamos más-, pero siempre con la premisa de la serenidad interior.
(1) Juan Miguel Zunzunegui cuya lucidez en algunas cuestiones humanas me parece extraordinaria. Me alegra dos de las personas de quienes más disfruto y aprendo actualmente sean dos mexicanos: Juan Miguel Zunzunegui y el físico Miguel Ángel Alcubierre.
Cada uno en su ámbito y con pasión, manifiestan un conocimiento profundo, una creatividad y una didáctica que supera lo establecido.


