Hablando con mi amigo Manu, me dijo algo que no se me olvidará:
«La verdadera relación pasa por la aceptación incondicional del prójimo».
Qué difícil y qué bonito.
Y cuando creía que había terminado la frase, la remató con algo todavía más profundo:
«Y, sobre todo, de uno mismo».
Cuánto nos cuesta aceptar los defectos.
Dejar de exigirnos ser perfectos para poder empezar a querernos de verdad.
Y poder así, encima, avanzar.


