Cada vez tengo más claro que el mal siempre chocará con su propio límite y el bien, no.
Como siempre, intento aplicarlo a mí primero, y del todo no puedo, así que puedo entender a los demás con sus circunstancias.
Dando un vistazo a la historia de la humanidad, todos los imperios que intentaron la expansión por la violencia acabaron en declive.
Si hay que expandir el límite, deberíamos hacerlo con respeto a los derechos humanos: eso sí que sería la verdadera expansión.
La violencia parece muy sabia, pero es necia a largo plazo, porque destroza el interior.
Como me decía mi primer maestro de saxofón -tremendo hermano cubano- Rafel Villareal, lo que más nos daña a los seres humanos es la avaricia.
Porque la avaricia siempre quiere un poco más, aunque ya no quepa.
En cambio, ambicionar la concordia… eso juega en otra liga.
Eso no rompe el saco, lo ensancha.


