Los problemas mentales necesitan diagnósticos clínicos personalizados e integrales, no etiquetas.
Las etiquetas se ponen a los objetos, por ejemplo a las naranjas.
Porque si se les pusieran etiquetas, incluso teniendo la misma, dos personas no serían iguales.
Cualquier diagnóstico es personal, y se trata de curar, o que el grado disminuya o que el grado de aceptación aumente.
Una etiqueta rígida, «sin vida», sin matizaciones, influye para te comportes como tal, como se espera de ella, y en consecuencia, suplanta la parte de nuestra personalidad donde algo podemos mejorar.


