La Prehistoria (2.5 millones años hasta c. 3000 a. C.) se extiende desde la aparición de los primeros homínidos hasta la invención de la escritura.
El Paleolítico fue la fase más larga y se caracterizó por el nomadismo, la caza, la recolección, el dominio del fuego y la fabricación de herramientas de piedra.
Le siguió el Mesolítico, una etapa de transición pero el Neolítico supuso una auténtica revolución, la agricultura y la ganadería permitieron el sedentarismo y la aparición de jerarquías.
Finalmente, la Edad de los Metales marcó el uso del cobre, el bronce y el hierro, lo que permitió avances técnicos, el comercio a larga distancia y el surgimiento de estructuras sociales más complejas.

En la Prehistoria, el arte estuvo ligado a la supervivencia y lo simbólico, como muestran las pinturas rupestres y las esculturas vinculadas a rituales y creencias.

La Edad Antigua (c. 3000 a. C.–476 d. -caída del imperio romano de Occidente-) comienza con la invención de la escritura y el surgimiento de las primeras civilizaciones organizadas.
Aparecen grandes imperios como los de Mesopotamia y Egipto.
Más tarde, en Grecia surgieron nuevas realidades como la democracia y la participación política, así como una reflexión profunda sobre la ética.
Aristóteles, Sócrates y Platón dejaron un legado intelectual inigualable, transmitido más tarde por Roma. Grecia influyó decisivamente en la cultura, el derecho y la educación de Europa y del mundo occidental, que en ocasiones no ha sido superada. Es una de las épocas más fascinantes de la humanidad.

Alejandro Magno, rey de Macedonia en el siglo IV a.C., fue el máximo exponente de la Grecia Antigua y de la expansión helenística desde Grecia hasta Egipto y la India.

Roma construyó uno de los imperios más extensos y duraderos de la historia: el Imperio romano, que supuso la creación de una de las estructuras jurídicas y culturales más influyentes. Trajo infraestructuras y un derecho común, pero su caída en Occidente a mercede de las invasiones bárbaras marcó el fin de una etapa.
El Imperio romano de Oriente, con capital en Constantinopla, logró mantenerse durante casi mil años más y es conocido como Imperio bizantino, cuando la ciudad fue conquistada por los turcos otomanos.

En la Antigüedad las grandes civilizaciones desarrollaron un arte al servicio del poder y la religión, destacando el arte egipcio, griego y romano, que buscó proporción y belleza-

La Edad Media (476 d. C., con la caída del Imperio romano de Occidente, hasta 1492, llegada de Colón a América), y se caracteriza por la fragmentación política y el feudalismo en Europa.
La expansión del mundo islámico comenzó en el siglo VII con la predicación de Mahoma en la península arábiga y en pocas décadas, los ejércitos musulmanes conquistaron territorios de Oriente Medio, el norte de África, partes de Asia Central y la península ibérica, difundiendo el Islam, la lengua árabe, la administración centralizada y la ciencia.

Las invasiones mongolas se produjeron principalmente durante los siglos XIII y XIV, cuando el Imperio Mongol, bajo el liderazgo de Gengis Kan, expandieron su dominio hacia China, Persia, Rusia y Europa del Este, facilitando el intercambio a través de la Ruta de la Seda, pero también dejaron un legado de devastación,

En Europa fue una época de renacimiento urbano, desarrollo del comercio y fortalecimiento progresivo de las monarquías. Hacia el final del periodo, las crisis demográficas y económicas, junto con el debilitamiento del feudalismo, prepararon el terreno para un cambio profundo.

El arte el arte estuvo profundamente unido a la fe y a la visión espiritual del mundo, con estilos como el románico y el gótico, que expresaban una sociedad teocéntrica y jerárquica.

La Edad Moderna (siglos 1492 al 1789 con la Revolución Francesa) marca el ascenso de Europa como centro del poder mundial.
El hecho quizás más decisivo de la historia ocurrió en 1492, cuando Cristóbal Colón, navegando por cuenta de los Reyes Católicos de España, llegó a las islas del Caribe creyendo haber alcanzado las costas de Asia. Este acontecimiento abrió el contacto entre Europa y el continente americano, y el inicio del mundo globalizado.
El descubrimiento de América dio lugar a imperios coloniales que enriquecieron a las potencias europeas, pero también provocaron explotación y esclavitud.

El Imperio español alcanzó su máximo poder bajo el reinado de Felipe II (1556–1598), convirtiéndose en la primera potencia mundial de la época. Su dominio abarcaba vastos territorios en Europa, América, Asia y África. Se consolidó la administración centralizada, se fortaleció la Monarquía absoluta y se defendió el catolicismo frente a la Reforma protestante, y la defensa de la cristiandad frente al Imperio otomano y la Armada Invencible contra Inglaterra. Esta vocación de España marcaría si historia.
Surgieron los Estados modernos, se consolidaron los ejércitos permanentes y se produjeron grandes conflictos religiosos y políticos. Este periodo culmina con revoluciones que cuestionaron el absolutismo y el orden tradicional, especialmente la Revolución francesa.

El arte trajo un giro humanista con el Renacimiento: se colocó al ser humano en el centro del pensamiento, seguido por el Barroco, que expresó emoción y poder en una época de crisis religiosas y políticas, y el Neoclasicismo, que recuperó la razón y el equilibrio ilustrado.

La Edad Contemporánea (desde finales del siglo XVIII hasta hoy) se abre con las revoluciones liberales e industriales.
Destaca las conquistas de Napoleón Bonaparte se desarrollaron principalmente entre 1799 y 1815, durante su ascenso al poder y su gobierno como emperador de Francia. Tras proclamarse Emperador en 1804, Napoleón expandió su influencia por gran parte de Europa. En 1812, Napoleón invadió Rusia con un gran ejército. Los rusos aplicaron la táctica de tierra quemada, dejando a Napoleón sin suministros; la campaña terminó en desastre. El fin de su imperio significó la restauración del orden monárquico en Europa.

La industrialización provocó un enorme crecimiento económico, pero también desigualdad, explotación laboral y tensiones sociales.

El arte se diversificó enormemente: el Romanticismo reflejó la subjetividad y la emoción individual, el Realismo y el Impresionismo mostraron la vida cotidiana y la modernidad, las vanguardias del siglo XX rompieron con las formas tradicionales para expresar la crisis, la guerra y la alienación, y el arte actual explora la identidad, la tecnología y la globalización, en búsqueda de una humanidad consciente y diversa.

El colonialismo en África se desarrolló cuando potencias europeas como el Reino Unido, Francia, Bélgica, Portugal, Alemania, Italia y España se repartieron el continente africano durante la llamada “repartición de África”, formalizada en la Conferencia de Berlín (1884–1885). Para ello trazaron fronteras lineales sin considerar las realidades étnicas o políticas de los pueblos africanos.
Este proceso supuso la ocupación militar, la explotación de recursos naturales y humanos, la imposición de fronteras artificiales y la destrucción o subordinación de estructuras políticas y culturales locales en África. El colonialismo generó profundas desigualdades, violencia y dependencia económica. Tras la descolonización, sobre todo a partir de la década de 1950, muchos países africanos heredaron fronteras conflictivas, economías frágiles y tensiones políticas que aún hoy influyen en su desarrollo.

Durante los siglos XIX y XX se produjo el auge de los nacionalismos y la competencia entre potencias, lo que desembocó en las dos guerras más devastadoras de la historia: la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
La Primera Guerra Mundial, la guerra de las trincheras, fue el resultado de la tensión acumulada entre las grandes potencias europeas por el nacionalismo, la rivalidad de imperios que competían por poder, territorios e influencia, el militarismo y un rígido sistema de alianzas. Perdieron las Potencias Centrales, formadas principalmente por Alemania, el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y Bulgaria; murieron entre 15 y 20 millones de personas.

La Segunda Guerra Mundial fue impulsada principalmente por el expansionismo de regímenes totalitarios, especialmente la Alemania nazi bajo Adolf Hitler, que buscaba revancha tras la Primera Guerra Mundial, expansión territorial y dominio ideológico. A ello se sumaron la Italia fascista y el Japón imperial (Potencias del Eje). Por el otro estaban los Aliados, encabezados por Reino Unido, Francia, Unión Soviética y Estados Unidos. Se estima que murieron entre 70 y 85 millones de personas, el 2-3% de la población mundial.
Las bombas atómicas se utilizaron por primera vez en agosto de 1945 por Estados Unidos sobre Japón (Hiroshima y Nagasaki). Estas acciones provocaron la muerte inmediata de más de 100.000 personas, y contribuyeron a que Japón se rindiera el 15 de agosto de 1945. Fue la primera y única vez que se utilizaron armas nucleares en un conflicto.

Tras ellas, a partir del desarrollo de armas nucleares el mundo quedó marcado por la Guerra Fría, un enfrentamiento ideológico y político entre grandes bloques EEUU-URSS que evitó el conflicto directo, pero generó guerras indirectas y una constante amenaza nuclear.
En la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, se produjo la descolonización, el surgimiento de nuevos Estados y una creciente globalización económica, tecnológica y cultural. China progresivamente va creciendo económicamente.

En los últimos años, apareció una pandemia que supuso la mayor unión del ser humano en su historia gracias a la ciencia, la tecnología y la información.

Sin pausas reaparecieron guerras con la invasión de Ucrania, por la Rusia de Vladimir Putin.

También la indiscriminada respuesta a un ataque terroristas de Israel al pueblo de Gaza.

El segundo mandato de Donald Trump, marcado por la pérdida de la diplomacia, las acciones de represión interna, la expulsión de inmigrantes, el desprecio a Europa y el estilo imperialista en América Latina, junto proyectos de paz, estratégicos y unilaterales, sobre todo con Israel.

En los últimos 40 años, la revolución tecnológica ha transformado profundamente la vida humana y las sociedades. El avance de la informática, internet, teléfonos móviles y dispositivos digitales permitió la comunicación instantánea y el acceso global al conocimiento.
La inteligencia artificial y la biotecnología han cambiado la industria, la medicina y la investigación científica, mientras que la globalización digital conecta economías y culturas de manera inédita. Este periodo ha marcado el paso a una sociedad cada vez más interconectada, dependiente de la tecnología y en constante innovación.

Al mismo tiempo, destaca la creciente polarización y una preocupación por el autocontrol de líderes globales de corte autoritaria, junto a una pérdida de cohesión de Europa y del humanismo.
Han aparecido nuevos desafíos: crisis climática, desigualdades globales, conflictos regionales y tensiones entre potencias.
La historia humana comienza con nuestra fase de dominio de la tierra, cuando los primeros homínidos aprendieron a sobrevivir, usar herramientas y dominar el fuego, desarrollando lenguaje y cooperación.
Luego llega la etapa del asentamiento, con la agricultura y la vida sedentaria, que permitió el crecimiento de comunidades.
Empezó la expansión del ser humano aúna a costa de vidas humanas: surgen los imperios, grandes construcciones políticas que buscan controlar territorios y recursos; se expanden gracias a la fuerza, pero tarde o temprano caen por exceso de poder, conflictos internos, corrupción, desigualdades, decaen o se conquistan. Se van sudediendo.
La jerarquización del ser humano es una hecho, donde una élite decide las invasiones y generando cambios culturales y sociales.
Los países europeos han protagonizado grandes expansiones impulsados por personalidades dominantes: Grecia con Alejandro Magno, Italia con el imperio romano, España con el nuevo mundo, Francia con Napoleón Bonaparte, Alemania con Adolph Hitler… el resultado hoy en día es que cada país prácticamente se quedó solo con su territorio. El coste de podría llegar a los 200 millones de muertos. Unos de los episodios más vergonzosos fue el colonialismo de Africa, donde en una conferencia se decidieron los países con escuadra y cartabón, y cuando Europa no pudo con los gastos los abandonó dejándolos en guerra, y pasando de ellos, excepto cuando puede venir algún virus a atacarnos.
Conclusión y signo de los tiempos
La historia muestra que, aunque los imperios o invasores cambian de forma y nombre, los ciclos de ascenso, dominio, límite y declive siguen repitiéndose.
Desde la revolución francesa o frente a a la revolución industrial el pueblo en ocasiones se ha sublevado al orden establecido cambiando la gorma de gobernar.
Desde la II Guerra Mundial y el ser humano descubre su límite: la era nuclear. Tiene la capacidad de autodestruirse. Desde entonces empieza la guerra fía, y no ha habido una guerra mundial ni un intento de expandirse, pues sabemos que nos autolimitaríamos.
Progresivamente ha habido una mejora de los derechos humanos cristalizada en la en la declaración de la ONU en 1948 y la interconexión global, donde la fuerza bruta pierde sentido frente al respeto colectivo.
No obstante en el mundo actual, de unos 200 países, aproximadamente 85–90 son democracias, mientras que alrededor de 90–95 son dictaduras o regímenes autoritarios, y el resto son regímenes híbridos que combinan elementos democráticos y autoritarios.
La desigualdad de la riqueza y la pobreza en el mundo o la evolución humana entre países no se distingue en años sino en siglos. Según datos recientes del Banco Mundial, alrededor de 700 millones de personas viven en pobreza extrema, con menos de 2,15 dólares al día, mientras que el 10 % más rico de la población mundial concentra cerca del 75 % de la riqueza global. La mitad más pobre de la humanidad posee menos del 2 % de la riqueza total.
En conjunto, la historia humana es un relato de amor y de dominio, de lento desarrollo en los objetivo eclosión desde hace 40 años con la tecnología.
A nivel humano ha habido expansividad de imperios o líderes que crearon gran destrucción, dando paso a la aceptación de límites territoriales. La época actual emergen figuras personalistas y autoritarias como Putin con una vuelta al boqueo de disensión interna y ocupación de la parte este de Ucrania, de Trump, que ha involucionado la política nacional e internacional con un hegemonismo omnipotente e intervencionista.
Existe una gran insolidaridad en el ser humano a nivel universal, cuando tantísimos millones viven en pobreza extrema.
Solo parece haber empatía con los iguales, por nacionalidad o cultura.
Cada época deja lecciones sobre los límites de la fuerza y la necesidad de cooperación y respeto. Pero hay muchísimas personas dominadas por sistemas no democráticos sino autocráticos o teocráticos, políticos -comunismo- o religiosos -islamismo-. El impulso de expansión del ser humano ha sido una fuerza recurrente: la historia es una historia de una invasión tras otra.
Desde los grandes imperios de la Antigüedad, hasta los imperios coloniales europeos entre los siglos XV y XX, la historia registra una sucesión de conquistas, hegemonías y disputas por territorio, recursos, ideología y poder.
En el siglo XX este dinamismo alcanzó una escala global en las dos guerras mundiales.
Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, surgió un límite inédito: la irrupción del armamento nuclear en 1945, con las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, introdujo la posibilidad real de destrucción mutua: ya no existe la expansión total, sino sería la autolimitación.
Desde entonces, la expansión total por medio de la fuerza quedó condicionada por la amenaza de autodestrucción global, configurando el equilibrio estratégico de la Guerra Fría y marcando un antes y un después en la lógica del poder, la amenaza, el miedo, y la conmtención.
Los mapas ya no cambian de la manera como lo hacían antes.
No obstante, en las relaciones internacionales continúa operando con frecuencia una lógica de competencia, impunidad y predominio: la ley del más fuerte.
Según el Banco Mundial, alrededor del 8–9 % de la población mundial vive aún en pobreza extrema, con menos de 2,15 dólares al día, lo que supone más de 650 millones de personas, concentradas principalmente en África subsahariana.
Al mismo tiempo, mientras el progreso tecnológico se acelera de manera exponencial, la cooperación entre los pueblos no avanza al mismo ritmo y en los últimos años se observa un aumento de la polarización política y la fragmentación del orden internacional.
La humanidad progresa técnicamente con gran rapidez, pero su madurez relacional y ética no parece desarrollarse con igual velocidad.
La máxima unión del ser humano en la historia se dio en la pandemia.
Gracias a la ciencia y la tecnología, la comunicación y el interés mundial poniendo el centro en lo importante, la vida, permitió unir el esfuerzo de todas las personas.
Sin embargo, en los últimos años han reaparecido conflictos de gran escala que han tensionado el orden internacional. En 2022, la invasión rusa de Ucrania abrió la mayor guerra en Europa desde 1945, en un contexto más amplio de creciente concentración de poder y debilitamiento democrático en Rusia.
En octubre de 2023, el ataque de Hamás contra Israel con 1.200 muertos desencadenó una respuesta militar israelí en la Franja de Gaza de 72.000 muertos, que causó una profunda crisis humanitaria.
Durante el mandato de Donald Trump irrumpe un cambio radical por el uso del supremacismo: unilateralismo, recurso a la presión económica y militar como herramientas de acción exterior, orientado a intereses nacionales de carácter estratégico y económico.
Esta orientación incluyó acciones militares dirigidas contra regímenes autoritarios considerados adversarios de Estados Unidos.
También se manifestó una relación crítica hacia aliados europeos tradicionales, en lo relativo a sus políticas migratorias y de integración.
En el plano interno, se adoptaron medidas migratorias caracterizadas por su severidad y por el impacto humanitario que generaron.
Algunas iniciativas presentadas como planes de paz -como en el caso de Gaza- contribuyeron a reducir de forma importante la violencia; sin embargo, las propuestas de reconstrucción se acompañan de intereses estratégicos y económicos propios, sin participación de la población afectada.
Por todo lo expuesto, la eclosión de distinta manera de patrones autoritarios en EEUU y Rusia, desde hace 4 años la cohesión, el entendimiento y la cierta unidad mundial van disminuyendo y la esperanza en la humanidad se va perdiendo.


