Cada vez me interesan más las reflexiones que leo o escucho en esta línea…
…los límites, cuando aparecen, no llegan como castigo: llegan como información.
Señalan con la rotundidad de los hechos, por eso orientan tan bien, pero no tiene por qué condenar a la persona.
También el llamado “fracaso” conviene mirarlo, no como una sentencia, sino como una forma de información valiosa.
Una señal que permite rectificar y afinar mejor el camino.
Pensar de este modo me ha ayudado a aprovechar mejor cada situación y, sobre todo, a acusarme bastante menos.
Y, como consecuencia, también a acusar menos a los demás, que no es poca cosa.
Quitarse el peso del juicio es el mayor alivio, la mayor liberación, porque en ese hueco deja entrar la comprensión, que es el amor más maravilloso.
Por eso agradezco tanto los comentarios que animan sin disfrazar la realidad, y que no añaden reproche a lo que ya de por sí cuesta bastante atravesar.
En términos psicológicos, se diría que no son «persecutorios» con la persona, no la hunden, no la empequeñecen, no añaden más peso del necesario con la dichosa culpa.
Son miradas que parten de que el ser humano no es una pieza terminada, sino un proceso. Muchas veces no actuamos mejor no por falta de voluntad, sino porque todavía no teníamos toda la información.
Y menos aún cuando esa información solo puede adquirirse viviéndola.
Entender esto devuelve las ganas de seguir, transformando esa energía por momentos oscura que dejó el duelo de aprender.


