Vladimir Putin nació en una familia marcada por la devastación de la guerra. La historia es tan impactante, que la voy a exponer como la redactó el propio Vladimir.
Su madre, María Ivánovna, sobrevivió al asedio de Leningrado, uno de los episodios más inhumanos de la Segunda Guerra Mundial. Pasó hambre extrema y estuvo al borde de la muerte.

«Mi padre –Vladímir Spiridónovich Putin– no quería ni siquiera tocar ese tema. Vladímir Putin, ha contado cómo sus padres sobrevivieron la guerra contra la Alemania nazi.
El padre de Vladímir Putin trabajaba en una planta militar. Sus empleados no debían ir al frente, pero él se presentó como voluntario y fue incluido en un grupo de saboteadores -escribe el presidente ruso en su columna para una revista rusa-.
Su padre se ocultó en un pantano: pasó allí varias horas respirando a través de una cañita de junco. De las 28 personas del grupo solo cuatro se salvaron. Combatió en Leningrado y fue allí donde sufrió una grave herida en la pierna. «Mi madre iba al hospital a visitar a mi padre. Tenían a un hijo pequeño, de 3 años. Pero había asedio y hambruna. Y mi padre le entregaba en secreto su comida del hospital. Ella la escondía y llevaba a casa, para dar comer al niño. Pero mi padre empezó a perder la consciencia por el hambre y los médicos y enfermeras se dieron cuenta de lo que pasaba y le prohibieron a mi madre las visitas» -recuerda Putin-.
«Y después le ‘confiscaron’ al niño. El niño cayó enfermo en el orfanato -mi mamá decía que sufrió difteria- y murió. A mis padres ni siquiera les dijeron dónde fue enterrado. Ellos nunca lo supieron», escribe Putin.
Mientras su padre estaba en el hospital, la madre, María Shelómova, se quedó sola. «Cuando a mi padre le permitieron caminar, tomó las muletas y se fue a casa. Cuando llegó, vio cómo los sanitarios sacaban cadáveres del portal y entre los cuerpos vio a mi madre. Se acercó y le pareció que estaba respirando. Y le dijo a los sanitarios: «¡Pero está viva!» y le respondieron: «Pues, morirá por el camino. Ya no podrá sobrevivir». Él con la ayuda de las muletas se abalanzó sobre ellos y les hizo subir a mi madre de vuelta al apartamento. Y ellos le dijeron: «Vale, haremos lo que pides, pero, para que sepas, no vamos a volver aquí en dos, tres o cuatro semanas. Tendrás que arreglártelas por tu cuenta. Pero él la cuidó y ella sobrevivió.
«Mi padre tenía seis hermanos y cinco murieron en la Guerra. Los parientes próximos de mi madre también murieron. Y yo fui un niño tardío: me dio a luz, cuando tenía 41 años. (…) No había ni una sola familia donde nadie murió. Y, desde luego, duelo, desgracia, tragedia… Pero no tenían odio al enemigo. Hasta ahora no lo puedo entender bien. Mi madre decía: «Pero, ¿qué odio? Son gente simple y también murieron en la guerra. Son gente trabajadora, igual que nosotros, pero les obligaban a ir al frente». Estas palabras las recuerdo desde mi niñez», concluye Vladímir Putin.
Su padre, tras la guerra trabajó como obrero en fábricas estatales, llevando una vida austera, disciplinada y silenciosa.
Putin tuvo otro hermano mayor que murió siendo niño antes de la guerra.
Vladimir nació en 1952.
Aunque nació después del conflicto, la guerra fue central en su educación emocional y política. La desconfianza hacia Occidente es una herencia histórica incorporada desde la infancia.
Un dato biográfico poco conocido, pero simbólicamente relevante, es que su abuelo, Spiridón Putin, fue cocinero de Vladimir Lenin y posteriormente de Joseph Stalin. Este vínculo no define su pensamiento, pero sitúa a Putin dentro de una continuidad histórica donde el poder no es abstracto, sino próximo.
En su adolescencia practicó judo y sambo, disciplinas que le enseñaron a esperar, a resistir y a utilizar la fuerza del adversario en su contra. Esa mentalidad encajó de forma natural con su ingreso en la KGB, donde aprendió a concebir el poder como información y control.
Tras la caída de la URSS, lejos de quedar marginado, supo adaptarse. Escaló desde la administración local de San Petersburgo hasta el Kremlin, leyendo con precisión un país desorientado.

La personalidad de Putin, moldeada en un daño tan profundo, requiere un bloqueo férreo de las emociones ligadas a la pérdida. Esa defensa se organiza alrededor de una idea del poder como protección compensatoria de la vida propia y del grupo.


