La verdadera sabiduría no consiste en acumular datos,
sino en reflexionar bien,
y es necesaria la sencillez del corazón.
Siguiendo la enseñanza de uno de mis maestros del humanismo, Rogeli Armengol, que lo expresa de forma muy bella en su libro «Felicidad y dolor: una mirada ética«. Ed Ariel. 2010


