Imaginemos una escena sencilla.
Visitamos a un familiar y, al despedirnos, insiste en darnos una bolsa de naranjas: “Están muy buenas”.
Le decimos que vamos al cine, que ya pasaremos otro día, pero persiste.
Tanto, que acaba bajando con nosotrxs al portal con las naranjas y nos las tenemos que llevar.
Esa persona necesitaba darlas.
Nosotrxs necesitábamos ir ligeros al cine.
A veces ciega la generosidad cuando primero calma a quien la ofrece y después incomoda a quien la recibe.
«Pensar en los demás, es pensar lo que necesitan los demás para estar tranquilxs; no lo que necesito yo para estar tranquilx: eso es pensar en mí»
Esa fue una de las frases que más me marcó de Lola Pasarín, psicóloga y gran maestra para mí, con quien empecé a comprender de otra manera las relaciones humanas.


