(Cualquier persona puede emprender este viaje,
bajo cualquier condición.
En realidad ningún factor es relevante,
excepto uno:
ser un/a soñador/a).
Hacia una «ciencia» de lo subjetivo
La ciencia y la tecnología descansan sobre lo objetivo: la realidad observable que cualquiera puede comprobar con sus sentidos. Si alguien afirma que los aviones no vuelan, basta con pasar un rato cerca de un aeropuerto para comprobar lo contrario.
Pero la mente funciona distinto. En ella habitan las ideas y creencias que crean una visión propia de la realidad. Esa visión no es externa: es interna. Es subjetiva. Y aquí radica una separación inevitable entre nosotros.
Los acontecimientos subjetivos son experiencias reales, tan válidas como los experimentos científicos. ¿Acaso lo más profundo de la vida no se aprende en carne propia? Si revisamos nuestra existencia, veremos innumerables pruebas de ello.
Curiosamente, cuando hablamos de lo subjetivo, se hace de manera despectiva, restándole credibilidad. En cambio, llamar a alguien “objetivo” es sinónimo de certeza. Esto revela un sesgo: damos más valor a lo observable que a lo vivido.
Por eso, necesitamos un método que nos permita “objetivar” lo subjetivo, y acercarnos a la realidad para comprenderla sin distorsiones.
Podríamos inspirarnos en la ciencia, que ofrece un sólido marco de certeza, y centrarnos solo en lo objetivable, lo visible. Y hay dos dimensiones claras:
- Nuestra conducta.
- Nuestra naturaleza objetiva como especie.
Sería algo así como: “Dime cómo te comportas y te diré quién eres. Dime tu naturaleza y comprenderé por qué actúas así”.
El primer punto se estudia revisando la historia de la humanidad.
El segundo implica analizar nuestra naturaleza objetiva: somos materia, animales —Homo sapiens sapiens— dotados de conciencia y lenguaje.
¿Iniciamos juntos esta apasionante travesía?


