Las familias que pierden a los suyos: ¿encuentran algún sentido a tanto sufrimiento?
Si decidieran las familias ¿verdad que las guerras se detendrían?.
¿Por qué unos pocos dirigentes deciden el mundo las guerras, mientras ellos y sus familias no suelen arriesgar sus vidas?
¿Qué fuerzas tienen las ideologías y los intereses que tienen más valor que la vidas mismas?.
El enfrentamiento -que viene de estar unxs «en-frente» de otrxs-, está potenciado por la polarización.
Y cuando se une la lucha por el poder, se produce la acción de apartar y anular al contrario.
En su versión extrema -como ocurre con ciertos fundamentalismos políticos o religiosos-, el objetivo llega a querer eliminar al contrario.
Pero los contrarios nunca desaparecen.
Si intentamos aplicar el método de la pandemia, donde la vida humana estaba por encima de todo y lo demás se relativizó, vemos la distancia entre nuestro éxito como especie -lo material- y el amor.
Si aplicamos los mismos criterios, quedaría lo siguiente:
1. Ninguna creencia, ideología o territorio puede ser más importante que las vidas de las personas que creen, piensan o habitan
2. Todas las vidas valen igual.
La dignidad humana es un absoluto (¿acaso el dolor de una madre o de un padre depende de la bandera que lleva la bomba que mata a su hija o a su hijo?).

Qué lejos estamos -cuando aplicamos este método-, de que desaparezca el odio que tantas guerras causa.
Las identidades -ideológicas, territoriales o creenciales- parecen tan necesarias que son superiores a la propia identidad humana.
El ser humano solo parece tener empatía o identificación con un limitado grupo humano (2), no con la humanidad entera.
En una visión humanista, hay un solo nacionalismo radical: el mundial.
La ideología humanista es tanto el bien individual como el bien común.
La religión humanista jamás excluirá o dañará a un solo ser humano, y querrá a todo el mundo.
¡Todo lo que difieran estos tres postulados de la realidad, son síntomas contrarios a la paz!.
En la actualidad estamos paralizados ante las decisiones de los que mandatarios: la distancia mutua es muy grande.
Ojalá nos de tiempo a reaccionar, y alcemos la voz en la calle para manifestar que la gente queremos paz.
1. Me lo trasmitió mi hermana Amalia Bataller Alberola, pediatra de una lucidez extraordinaria; no puede haber mejor persona, ni mejor ejemplo de humanismo para mí.
2. Lo expuso el psiquiatra Julio Sanjuán -experto en antropología- en una conferencia; profesor magistral.


