En una sesión profesional en el Hospital Arnau de Vilanova -no recuerdo quién la impartió- escuché una idea que nunca he olvidado:
“El verdadero ánimo está en intentar una vida más ética; por eso decimos ‘tengo la moral alta’.”
Y continuaba:
“Si preciso ayuda profesional y, en lugar de atenderme como necesito, me utilizan sobre todo para otros fines, la vida se vuelve más triste.”
Qué hermosa verdad: moral y ánimo se entrelazan.
El ánimo me impulsa a la coherencia; y cada paso que avanzo en mi ética, me devuelve la paz.


