Este es un sencillo cuento que, como todo cuento, no es igual que la realidad.
Pero precisamente por esa pequeña diferencia, se puede puede extraer una moraleja: el espíritu del cuento.
Eran las 9 empunto de una mañana despejada de invierno, cuando en un despacho de las oficinas gubernamentales, entró un señor que parecía tener un poco de prisa:
-Hola, buenos días. Soy el representante de una petrolera de una gran nación, una superpotencia. Hemos venido porque queremos trabajar esta explotación petrolífera.
-Encantada. Aquí tenemos una parte de explotación nacional y otra cuota está destinada a empresas extranjeras. Esta es la oficina de contratación.
-Perfecto. Entonces, ¿puedo pasar ya a la explotación? Ya sabe, vengo de una gran nación.
La mujer sonrió con paciencia.
-Sí, pero la nación donde está el petróleo es la nuestra. Es decir, es otra.
-¿Otra?
-Sí. ¿Conoce usted el concepto de “otro”?
-No sé muy bien a qué se refiere.
-Se lo explico con un ejemplo sencillo -dijo la mujer, acomodándose en la silla-.
Si usted tiene un plato de postre y yo tengo el mío, para mí su postre es otro, yo como solo del mío; si quiero probar del suyo, se lo tengo que pedir.
O imagine que usted está pintando un cuadro y yo pinto otro distinto al lado. Yo pinto solo en el mío; su cuadro es «otro cuadro», no se me ocurre pintar en el suyo.
¿Así se entiende mejor?
-Sí, ahora sí.
-Perfecto. Entonces comprenderá ahora que este petróleo que quiere es de otro país.
El hombre asintió, pensativo.
-Entonces… ¿puedo cogerlo?
-Antes hay que pedir cita en la oficina número 9, los países extranjeros son los miércoles, yo estoy en esa oficina ese día. Estoy mirando el programa y si le viene bien este miércoles que viene a las diez hay un hueco libre, podemos revisar las condiciones. Le dejo el folleto explicativo y se lo mando por correo electrónico.
El señor regresó puntualmente el día señalado. La mujer abrió una carpeta y empezó a leer con calma.
-Las condiciones son estas: usted puede alquilar la explotación por este importe mensual. Del beneficio, el 40 % se queda aquí. El 30 % del personal contratado debe ser de nuestro país. Se deben cumplir las normas laborales y éticas nacionales, eso no es negociable.
-Ya, pero es que la propuesta no me sale del todo rentable.
-Le entiendo.
-¿Y si pago el doble de alquiler, dejo aquí el 30 % y contrato un 40 % de personal local?
-Tendría que consultarlo con el comité. Mañana le doy una respuesta.
Al día siguiente, volvió a recibirlo.
-Lo hemos hablado. Aceptamos su propuesta, pero solo durante cinco años. Después el contrato será revisable.
-¿Por qué?
-Porque se trata de que ganemos todos. Usted ha calculado muy bien su beneficio, pero yo también tengo que pensar en el de mi país y en el de nuestros trabajadores. Aprovecho para agradecerle la oportunidad de aportar su innovación tan valiosa en nuestro país.
Lo miró con una mezcla de firmeza y cordialidad. Cerró la carpeta con suavidad.
El señor fue a hablarlo con su empresa, y aceptaron.
Con el debido respeto.


