Me dijo una vez alguien que, si quiero que alguien me haga caso en una reclamación, no le cuente mi angustia, sino que intente que esa persona se angustie.
Al principio me pareció un consejo muy radical, pero con el tiempo comprendí que en ciertos casos es exactamente lo que hay que hacer.
Desde el derecho y con respeto, por supuesto.
Porque en estos casos cuando alguien es sensible, no hace falta forzar nada, pues escucha con empatía y hace lo que puede.
Pero cuando alguien desprecia tus preocupaciones y niega su propia responsabilidad, la única manera de que actúe es que se vea afectadx, porque solo puede escucharse a sí mismx.
En consecuencia, si una persona actúa a la defensiva, solo puede cambiar si desde dentro le supera su propia angustia y la única defensa es poner remedio a mi problema.
Transmití esta idea de forma algo teórica a una madre preocupada por el bullying que sufría su hijo.
Cuando volvió a la siguiente visita, me dio una verdadera lección práctica de intuición y coraje. Me contó cómo había actuado:
“Fui a hablar con el director varias veces.
Al principio me dijo que era cosa de chiquillos, luego que ya había tomado nota, pero nunca hicieron nada.
Hasta que un día, ya sin poder más, fui con tranquilidad y le dije:
‘Disculpe, he sido antigua alumna y no quiero que usted ni el colegio tengan problemas.
Tengo hora en inspección escolar la semana que viene y si no lo resuelve, tendré que denunciar al colegio.
Sinceramente, me gustaría que se resolviera; sería bueno para todos.’
A la semana siguiente tomaron cartas en el asunto: reunieron a las personas implicadas, hablaron con las familias y la situación comenzó a mejorar.”
Esta historia me enseñó que, a veces, para que los demás actúen, no basta con pedir, explicar o suplicar.
Hay momentos en que hay que tocar la conciencia, porque es su obligación y es tu derecho.
Además es un bien y puede resultar incluso un aprendizaje que mejore las cosas.
Como decía mi queridísmo padre (Ramón Bataller Sifre, que me enseñó mucho humanismo con su ejemplo y sus reflexiones) «en la vida no hay que ir en contra de ninguna persona, sino a favor de que las cosas funcionen bien«.


