Cuando soltar también es cuidar
Cuando un/a niñx empieza a andar, al principio necesita que le cojamos de la mano.
Si cae, podría lastimarse, es natural protegerle.
Pero llega un momento en que ese niño o niña necesita crecer: necesita que le soltemos y que nosotros permanezcamos un pasito atrás, cuidando desde la distancia.
Si cae de culo y ya está preparado/a para levantarse, lo que necesita es ánimo: que le digamos “venga, levanta, que puedes”.
Y si se levanta, celebrarlo juntos con alegría: así aprende a separarse con seguridad.
El problema aparece cuando yo dependo del niñx y no soporto verle sufrir.
Entonces tiendo a levantarle, aunque pueda hacerlo por sí mismo/a. Y sin querer, le transmito un mensaje:
“Si te caes es peligroso… y además, no podrás levantarte por ti mismx”.
En este acto de cuidado se reflejan nuestra historia de carencia y heridas como cuidadores.
Muchas veces, sin saberlo, intentamos compensar lo que unx mismx sufrió.
Con el tiempo, este tipo de vínculo puede transformarse en una relación de fusión, que se manifiesta en forma de síntomas, siendo una de ellas la dificultad en la separación.
Si esto nos ocurre, aclararlo -sin culpas, entendiendo la historia de ambas personas- abre la puerta a renovar la relación, sanarla y permitir crecer desde la responsabilidad y la libertad.
Fuente: Manolo Jorques (“Tzabarín”), un verdadero adelantado a su tiempo.


