Cada psiquiatra tenemos nuestros propios límites a la hora de comprender la parte subjetiva del ser humano.
Yo he visto tal evolución en mí, que me entiendo a mí mismo y a mis compañeras y compañeros.
El límite es tu propio conocimiento humano. Si no avanzas, puedes acabar utilizando la salud mental para situarte al otro lado de la mesa, como me decía mi primer profesor de la residencia, Emilio Miró Aguadé, que era muy listo y perspicaz.
A quien puedas comprender, lo comprenderás; a quien no, lo criticarás.
Y eso se nota, tanto en mí como en los servicios por los que he pasado: cuanto más juicio crítico hay, menos se comprende y menos se puede ayudar a la gente.


