En un encuentro, una amable señora de Guatemala me compartió una frase que aún resuena en mí:
«Tiene buena autoestima quien sabe…recibir«.
Yo esperaba que dijera: “tiene buena autoestima quien sabe… dar”, así que le pedí que me lo explicara.
Su respuesta me ayudó a entenderlo:
«Dar a veces resulta más fácil; significa que estás llenx.
Pero recibir da vergüenza, porque muestra tu necesidad.
Puede ser que la vida te haya llevado solo a dar y a tener que negar tus necesidades.
Entonces recibir te parece una molestia para lxs demás, pero en el fondo a quien te molesta es a ti.
Dar es un placer, y recibir dignifica a quien ofrece.
Rechazar ese gesto priva al prójimo de lo más hermoso de la vida: el placer de dar.
Pues el amor consiste en tener las manos abiertas para dar y para recibir».
Aquellas palabras me dejaron una lección de humildad y generosidad.
Una enseñanza que, con el paso del tiempo, la vida misma no ha hecho más que confirmar.


