Podríamos preguntarnos cómo sería la materia si existe el Espíritu.
Si el Espíritu es vida y amor -sin límite, sin origen, ni fin-, entonces crea “otra vida” de naturaleza distinta.
Pero si el Espíritu es vida -y no la materia-, al crear deberá engendrar una naturaleza que, dentro de su diferencia, conserve las mayores similitudes posibles con la vida, es decir, con el espíritu.
Esa «otra naturaleza» sería la materia, el universo, donde surgirá la vida humana.
Desde esta perspectiva, el universo habría sido creado para ser habitado por la vida humana, concretamente en la galaxia Vía Láctea, dentro del sistema solar, en el planeta Tierra.
En el desarrollo del universo se darán entonces las constantes y las condiciones precisas (principio antrópico) para que la vida humana aparezca y pueda vivirse el mundo macroscópico como si fuera la vida misma.
Vivimos en un espacio, y de manera natural y regular el tiempo fluye: existe el pasado, el presente y el futuro…
Para ser a la vez lo más distinto y lo más semejante al Espíritu, la materia deberá contener semejanzas profundas y diferencias definitivas.
Diferencias: estructura con límite
Observamos que en nuestro universo todo tiene un límite: en lo grande, la velocidad de la luz; en lo pequeño, la constante de Planck, que señala la escala cuántica fundamental.
En matemáticas llamamos infinito a lo que no tiene límite. Pero en la realidad física un infinito no es realizable como magnitud efectiva, pues implicaría una plenitud sin restricción. No existe densidad infinita, ni velocidad infinita, ni masa infinita.
Infinito no significa eterno, pues eterno, solo el Espíritu. De hecho si el universo es finito, todo infinito cesará algún día.
El infinito es, en la materia, una tendencia que jamás se alcanza, algo que sí ocurre al espíritu, que es eterno. Aquí radica lo más parecido y lo diferencial.
Es el intento de la materia de ser eterna, y no puede. Todo en ella está acotado para que tenga sentido y no colapse.
En nuestra experiencia cotidiana, con la masa que poseemos y a las velocidades a las que nos movemos, parece que la vida es la existencia misma.
Pero no. La vida terrenal transcurre en el tiempo, y el tiempo no es absoluto: es una dimensión unida al espacio. Puede variar con la velocidad y con la gravedad, aunque en condiciones que normalmente no percibimos. Todo parece que ocurra en un instante presente, pero hay un pequeño decalaje que no lo percibimos.
No es la vida propiamente, es como una ilusión de vida eterna, porque un día se acabará, tanto nuestras vidas en el universo como el universo mismo. La vida es un sucedáneo de la verdadera vida que es el Espíritu: es vida, pero no es eterna.
El espacio y el tiempo también tienen límites: la información no puede viajar más rápido que la luz. Esa restricción sostiene la causalidad, impide que el efecto preceda a la causa.
La vida es un sucedáneo del Espíritu: es vida, pero no es eterna.
El mundo cuántico, subatómico, resulta fascinante. Parece una pre-realidad en la que los estados no están completamente definidos hasta que ocurre una interacción.
Sin embargo, en el ámbito de nuestra experiencia ordinaria la realidad aparece definida, no como mera posibilidad. Las posibilidades pertenecen al futuro; cuando algo sucede, queda inscrito de manera irreversible en la historia.
Similitudes: relación
Si el Espíritu es amor, es don, es relación, la materia, para existir, debe desdoblarse, separarse en dos, y al mismo tiempo no perder la relación.
Todo es dual porque la materia no es absoluta: se complementa.
En el dominio cuántico se advierte una profunda dualidad: la naturaleza de la materia se manifiesta en pares; las partículas poseen sus antipartículas.
El fotón constituye un caso singular, pues es su propia antipartícula. Esta estructura sugiere que la materia necesita relación.
Es como si, para que exista la existencia, esta se desplegara como una hoja que se desdobla, salvo en el punto donde ambas caras permanecen unidas, en el límite.
Aparece nuevamente una forma de unión en ciertos fenómenos cuánticos, como el entrelazamiento, donde parejas de partículas permanecen correlacionadas de tal modo que su relación parece previa y más fundamental que la separación espacial.
Si la materia se expande desde el Big Bang, podría pensarse que esa expansión no es solo un movimiento hacia afuera, sino la expresión de una dinámica estructural interna.
Como si existiera una doble capa: la división de la materia y, al mismo tiempo, una unidad que no se pierde.
De un punto de unidad la materia se separa y se expande, pero la relación primordial permanece y tiene efectos.
No necesariamente como una onda “hacia dentro” en sentido mecánico, sino como una dimensión interna donde opera el propio espacio-tiempo.
De hecho, la mayor parte de la energía del universo es desconocida, y no interacciona con la luz, como el espacio-tiempo.
La expansión observada se acelera, fenómeno atribuido a lo que llamamos energía oscura. En el marco de la relatividad general, se modela como una propiedad del vacío, una constante cosmológica que modifica la geometría del espacio-tiempo.
La materia no es eterna, pero tampoco la nada puede existir: todo en el universo es material.
El vacío está lleno. El reposo absoluto no existe.
El vacío contiene campos fundamentales que nunca desaparecen por completo. Incluso en ausencia de partículas reales, existen fluctuaciones cuánticas y una energía de fondo asociada al propio espacio-tiempo.
Solo porque algo existe, lo positivo prevalece sobre lo negativo. Lo mismo le ocurre al universo.
Y dentro de ese algo se produjo una ligera asimetría entre materia y antimateria, un predominio mínimo que permitió la formación de estructuras estables.
No existe una densidad infinita en sentido físico; las singularidades no son infinitas, sino el límite de nuestras teorías.
Tras la expansión inicial, las estructuras se separan: la entropía aumenta.
Si todo estaba concentrado y unido, la separación permite el universo.
El universo no es el Espíritu ni la vida; por eso no puede ser aislado. Necesita pares de contrarios o complementarios que se relacionen, que sean como lo mismo, aunque se complemente, que su relación no se pueda romper. Esa es la naturaleza del cosmos creado.
La separación necesita pares entrelazados: es la estructura misma de la materia.
La máxima conexión se habría dado en el estado originario -big bang-, donde espacio, tiempo, energía y estructura interior estaban en una condición extrema de unidad física. La expansión no fue una explosión en el espacio, sino la separación del propio espacio-tiempo en esa estructura.
Como el universo no es eterno en sentido físico, llegará un momento en que las condiciones que permiten la vida humana dejarán de existir.
Si todo es dual, puede formularse una hipótesis más profunda: la expansión visible podría estar acompañada por una dimensión interna que la sostiene. No como fuerza opuesta, sino como tensión constitutiva que acompaña al espacio-tiempo mismo. El universo no solo se expande; su geometría contiene relaciones internas que actúan bajo esa expansión.
Algunos marcos teóricos contemporáneos sugieren que la conectividad -como el entrelazamiento cuántico- podría ser más fundamental que el espacio clásico.
En este contexto, podría pensarse que la energía oscura expresa una propiedad profunda del cosmos.
La dualidad no implica simetría perfecta; el universo existe gracias a pequeñas asimetrías. Esa imperfección es creadora.
La intuición de que todo lo que se despliega hacia afuera posee también una dimensión interior que permanece entrelazada es una hipótesis que busca comprender la estructura última de lo real.
Conclusiones
La estructura física del universo —sus límites, su dualidad, su asimetría, su expansión— no son simples datos cosmológicos: expresan que la materia no es absoluta.
La propia arquitectura del cosmos revela que no es autosuficiente.
La finitud es un signo, no una carencia.
Los límites —c, ℏ, la entropía— no son solo estructura física; manifiestan que la materia no puede ser absoluta.
La dualidad no es mera simetría: es señal de incompletud.
La materia necesita relación para alcanzar mayor plenitud.
La energía oscura podría expresar una dimensión estructural interna del cosmos. No como fuerza opuesta, sino como tensión constitutiva.
El universo no es absoluto.
La materia es relacional.
La dualidad es estructural.
La expansión podría expresar una tensión interna.
¿Es la relación tan fundamental como la sustancia?
En física teórica existen propuestas donde el espacio-tiempo emerge del entrelazamiento cuántico. Algunas interpretaciones sostienen que la información es más fundamental que la materia. El vacío no es la nada: posee estructura e interviene en la expansión.
La materia no sería lo primario.
Lo primario sería la relación.
La expansión aumenta las distancias; el entrelazamiento mantiene correlaciones no locales. El universo se separa geométricamente, pero sempre conserva conectividad cuántica.
Hay separación y hay unidad. Ambas coexisten.
La expansión produce separación.
El entrelazamiento revela unidad.
El principio antrópico es aceptado: las constantes permiten la vida. Existe, por tanto, una estructura relacional en el fundamento mismo del cosmos.
Esto conecta con tendencias actuales de la física: información, geometría emergente, relacionalidad cuántica, no-localidad.
Los límites —c, ℏ, la entropía— no son solo restricciones: hacen posible que algo exista y no colapse en la dimensión material.
Si el límite permite diferencia, y la diferencia permite relación dentro de una estructura dual, entonces la materia no da más de sí: es una forma temporal de existencia.
En definitiva:
La estructura física del universo sugiere que la realidad material no es autosuficiente ni absoluta, sino constitutivamente relacional.
La finitud no es un defecto de la materia, sino la condición que hace posible la relación. Y si la relación es primaria, la realidad última no puede ser una sustancia aislada, sino una relación originaria.
Si lo primario es relación y no sustancia, entonces la dualidad y el entrelazamiento no son accidentes, sino necesarios; y la expansión del espacio-tiempo puede entenderse como separación de una unidad primordial.
Todo es relación: unión y separación.
Esto desplaza la pregunta clásica.
No: “¿cuál es la sustancia fundamental?”.
Sino: “¿qué tipo de relación hace posible que algo exista?”.
Ahí es don.
Dicho de otra manera
.
La relación como estructura fundamental
Sin forzar conclusiones, estas líneas apuntan a algo significativo: la conectividad no es secundaria.
La expansión del universo aumenta distancias geométricas, pero el entrelazamiento mantiene correlaciones que no dependen de esa separación espacial. Hay, simultáneamente, expansión y conexión. Separación y unidad.
Desde esta perspectiva, la pregunta clásica —“¿cuál es la sustancia fundamental?”— podría desplazarse hacia otra más radical:
¿qué tipo de relación hace posible que algo exista?
Si lo primario fuera relación y no sustancia aislada, la estructura misma del cosmos -su finitud, su dualidad, su asimetría creadora y su expansión sostenida por una geometría profunda- sería necesaria.
La realidad material no aparece como ilimitada ni autosuficiente.
Abre una posibilidad interpretativa: que la relacionalidad no sea un accidente dentro del universo, sino un rasgo estructural.
La dualidad no sería mera simetría formal, sino indicio de que la materia no es absoluta, pero se quiere asemejar, solo que a pares, no en u a relación global, como en el espíritu.
La física no prueba la trascendencia, es la trascendencia, si existe, la que puede hacer entender la física mejor.
El universo no es ilimitado. Está definido por fronteras precisas: velocidad máxima, escala mínima, crecimiento entrópico. La materia no es absoluta; está configurada por condiciones.
A escala cuántica, ninguna partícula se entiende completamente aislada. El entrelazamiento muestra que la separación espacial no agota la realidad. Dos sistemas pueden estar correlacionados más allá de la distancia.
La expansión del universo aumenta las distancias. Sin embargo, la conectividad persiste. Hay una tensión permanente entre separación y unidad.
El vacío no es la nada. Posee estructura. Influye en la geometría del cosmos. La mayor parte de la energía del universo es desconocida.
Si la diferencia nace del límite, y la relación nace de la diferencia, entonces la finitud física podría ser condición de posibilidad de la comunión.
La dualidad no sería un defecto, sino estructura.
La asimetría no sería error, sino condición creadora.
La expansión no sería dispersión pura, sino despliegue.
Tal vez la pregunta fundamental no sea solo “¿de qué está hecho el universo?”, sino “¿qué tipo de relación hace posible que algo exista?”.
Si lo primario fuera relación y no sustancia aislada, entonces la investigación científica no estaría reduciendo el misterio, sino penetrando en su coherencia.
Para un físico creyente, la fe puede iluminarla.
La razón explora la estructura.
La fe reconoce que esa estructura podría no ser autosuficiente.
Y quizá, en el fondo, la inteligibilidad misma del cosmos ya sea un signo de que la realidad no está fundada en el aislamiento, sino en la relación.
From Primordial Unity to Relational Ontology
Is Relation More Fundamental than Substance in Contemporary Cosmology?
RB Alberola
Abstract
Contemporary cosmology describes a universe emerging from an initial state of extreme physical unity, followed by continuous expansion and differentiation. At the same time, quantum theory reveals forms of non-local correlation that challenge classical notions of separability. This paper explores whether these developments permit — without forcing — an ontological interpretation in which relationality is more fundamental than isolated substance. While physics does not entail metaphysical conclusions, its current structural insights raise the question of whether the cosmos is best understood as a network of dynamically differentiated relations emerging from primordial unity rather than as an aggregate of self-sufficient entities.

1. Primordial Physical Unity
According to the standard ΛCDM cosmological model, the observable universe evolved from an early hot, dense state in which spacetime itself was not yet structured into extended distances. This was not an explosion in space but an expansion of space (Weinberg 2008; Carroll 2019).
In its earliest phase, fundamental interactions were unified. Differentiation — gravitational, electroweak, strong — emerged as symmetry breaking occurred. The universe began in a condition of physical unity, followed by progressive differentiation.
This historical fact does not imply metaphysical unity. Yet it establishes that multiplicity is temporally posterior to physical unity.
2. Expansion and Persistent Connectivity
Cosmic expansion increases metric distance. Galaxies recede. Entropy grows.
However, quantum theory complicates the narrative of pure dispersal.
Entanglement demonstrates that spatial separation does not eliminate physical correlation (Horodecki et al. 2009). The state of a composite quantum system is not reducible to independently defined local states.
Moreover, certain approaches to quantum gravity and holography suggest that spacetime geometry itself may emerge from entanglement structure (Van Raamsdonk 2010; Maldacena & Susskind 2013).
If spacetime geometry is emergent from relational structures, then connectivity is not secondary to space — space may be secondary to connectivity.
Expansion generates multiplicity, yet the persistence of non-local correlations indicates that primordial unity continues to structure reality.
3. The Structured Vacuum and Cosmological Acceleration
The vacuum in quantum field theory is not ontological nothingness but a structured ground state exhibiting fluctuations and zero-point energy (Peskin & Schroeder 1995).
Cosmic acceleration, modeled via a cosmological constant or dark energy component, attributes dynamical influence to spacetime itself (Carroll 2001).
Thus, the background is not passive. It possesses structure and dynamical consequence.
The universe does not appear as a collection of inert blocks embedded in emptiness. It appears as a dynamically structured field-reality.
4. Limits as Conditions of Differentiation
Fundamental constants — the speed of light c, Planck’s constant ℏ, thermodynamic irreversibility — define strict boundaries. They are not arbitrary technicalities but structural constraints.
Limits make differentiation possible. Without finite propagation speed, causality dissolves. Without quantum discreteness, classical identity collapses. Without entropy, temporal asymmetry disappears.
Finitude is not accidental weakness. It is structural condition.
If differentiation depends on limit, and relation depends on differentiation, then relation is structurally grounded in finitude.
The existence of fundamental limits not only makes differentiation possible, but also preserves the integrity of primordial unity at a structural level.
5. From Substance to Relation?
Classical metaphysics privileges substance: self-sufficient entities that subsequently interact.
Contemporary physics weakens this model.
Quantum systems are fundamentally relational in their formal description. Gauge theories define particles via symmetry relations. Spacetime may itself arise from entanglement networks.
None of this proves relational ontology. Physics does not dictate metaphysics.
However, it destabilizes naive substantialism.
If the universe begins in unity, differentiates through symmetry breaking, expands geometrically while retaining non-local correlations, and possibly grounds spacetime in entanglement structure, then the picture that emerges is not one of isolated primary substances.
It is one of structured relational emergence.
What we perceive as discrete substances may be stabilized nodes within a deep relational fabric, reminiscent of the universe’s initial unity.
Perhaps matter is not primary in the sense of ontological independence. Perhaps what appears as substance is a stabilized node within a deeper relational field.
6. The Open Question
The question, then, is not theological but structural:
Is the fundamental layer of reality better described as substance that relates,
or relation that stabilizes as substance?
Physics cannot answer this definitively.
But its trajectory increasingly suggests that separability is not ultimate.
The universe began in unity.
It expanded into multiplicity.
Yet it retains structural connectivity.
If so, relation may not be derivative.
It may be fundamental.
References
Carroll, Sean. Spacetime and Geometry. Cambridge University Press, 2019.
Carroll, Sean. “The Cosmological Constant.” Living Reviews in Relativity 4 (2001).
Horodecki, R. et al. “Quantum Entanglement.” Reviews of Modern Physics 81 (2009): 865–942.
Maldacena, Juan & Susskind, Leonard. “Cool Horizons for Entangled Black Holes.” Fortschritte der Physik 61 (2013).
Peskin, Michael & Schroeder, Daniel. An Introduction to Quantum Field Theory. Westview Press, 1995.
Van Raamsdonk, Mark. “Building Up Spacetime with Quantum Entanglement.” General Relativity and Gravitation 42 (2010).
Weinberg, Steven. Cosmology. Oxford University Press, 2008.

