El Homo sapiens surge en África como un tipo profundamente social, pues su vida depende de cooperar y compartir lo que descubre.
Su rasgo más importante gracias a su gran cerebro es la capacidad para aprender y adaptarse, lo más importante de la inteligencia.
El ser humano no solo percibe el mundo y actúa en él como el resto de especies, tiene conciencia sobre sí.
A esto se suma la palabra, el summum el lenguaje simbólico, para expresar el pensamineto.
Esto permite reflexionar, compartir experiencias y construir significados que pueden transmitirse. Así nace la cultura, los inventos y las formas complejas de organización social.
La condición humana es diferente al resto de las especies, pues somos conscientes de que existimos.
La conciencia moral, que nos conduce a diferenciar el bien del mal, explica por qué podemos ser capaces de actos de enorme generosidad y, al mismo tiempo, de gran crueldad. El ser humano alberga el mundo subjetivo con avances en los derechos humanos en parte, y en parte sin gran éxito por el odio, la insolidaridad con los países desfavorecidos y las guerras.
La empatía es limitada, y se circunscribe a tu círculo personal, ideológico o tu identidad nacional.
No existe la unidad, el mundo está fragmentado.
Otra característica central es la búsqueda de sentido. No nos basta con existir; queremos que nuestra vida “signifique” algo. Por eso creamos religiones, filosofías, arte…
Sin embargo, el progreso de la especie humana en lo objetivo, el ser humano en la ciencia es incesante y está llegando a cotas abismales.
.Intentamos dar forma a lo desconocido y encontrar un lugar en el universo. Sin embargo, esa búsqueda nunca se cierra del todo, y ahí reside tanto nuestra grandeza como nuestra inquietud permanente. También somos conscientes de nuestra finitud. Sabemos que vamos a morir, y ese conocimiento atraviesa toda nuestra experiencia. Puede generar angustia, pero también urgencia, profundidad y valor: nos impulsa a amar, a crear, a dejar huella. La muerte, paradójicamente, da forma a la vida.
Por último, la condición humana está marcada por la posibilidad de elegir. No estamos completamente determinados; podemos reflexionar sobre nuestras acciones, cuestionar lo aprendido y cambiar de rumbo. Esa libertad, aunque limitada, implica responsabilidad. Vivir como humanos es, en gran parte, aprender a decidir quiénes queremos ser en medio de la incertidumbre.
También organizan el poder es compleja, pero sigue predominado la ley del más fuerte.


