Somos energía.
A nivel fundamental, todo está hecho de partículas en constante movimiento, y ese movimiento es una forma de energía.
La energía y la materia no son cosas separadas, sino dos expresiones de una misma realidad: la materia es energía concentrada, como explica la famosa relación E=mc², incluido el ser humano.
En lo más profundo, la materia se fragmenta en partículas aún más pequeñas, como los quarks, que nunca existen solos y que, al unirse, dan origen a protones y neutrones, y con ellos a toda la materia visible.

Pero incluso los quarks no son el final: en el nivel más íntimo no hay partículas puntuales sino vibraciones minúsculas, como hilos infinitesimales de energía descritos por la teoría de cuerdas, donde cada nota vibratoria da lugar a una partícula distinta.

Lo que existe es la manifestación de campos invisibles que lo impregnan todo, los campos cuánticos, y las partículas no son objetos sino pequeñas ondulaciones temporales de energía, vibración y posibilidad.
Hay 4 fuerzas fundamentales, pero falta unificar la relatividad en el munso cuántico microscópico, y la cuántica en el macroscópico.
La interacción gravitatoria gobierna la estructura del universo a gran escala y está descrita clásicamente por la relatividad general, aunque aún no cuenta con una formulación cuántica confirmada.

Los átomos son casi totalmente espacio vacío, y ese vacío no es nada, sino un campo dinámico de energía y fluctuaciones cuánticas que permite la existencia de partículas, de las fuerzas fundamentales y, en general, de la materia tal como la conocemos.

El Big Bang es el modelo que describe el origen del universo hace unos 13.800 millones de años, donde el espacio y el tiempo comenzaron a expandirse conjuntamente.

La materia, desde el big-bag no la que se expande, sino el espacio-tiempo mismo. La materia vive dentro de un espacio-tiempo que cambia con el tiempo, y es ese escenario el que se expande.
Las galaxias permanecen más o menos en reposo local mientras el espacio entre ellas crece. Por eso no notamos la expansión en escalas pequeñas: los átomos, los planetas o las galaxias están ligados por fuerzas mucho más fuertes que ese estiramiento cósmico.
No hay un límite desde que el que todo se aleje; la expansión ocurre en todas partes a la vez. Galaxias suficientemente lejanas se alejen de nosotros más rápido que la luz sin violar la relatividad, porque no es movimiento a través del espacio, sino expansión del propio espacio.

El gran desafío de la física es unificar la relatividad general, que describe la gravedad como la geometría del espacio-tiempo, con la mecánica cuántica, que gobierna el mundo microscópico de las partículas.
Hasta hoy esa unión no se ha logrado de forma completa y comprobada. Lo que falta es una teoría consistente de gravedad cuántica que funcione en situaciones extremas donde ambas descripciones son necesarias a la vez, como el interior de los agujeros negros o el origen del universo.


