Es difícil hablar de dirigentes que ejercen tanto poder sobre la humanidad como personas.
Como son seres humanos, para entenderlos mejor, es útil mirar su contexto personal, pues todos somos hijos de nuestra familia y de nuestra época, y ellos no son una excepción.
Esto, junto con la lógica del poder, nos puede ayudar a comprender mejor sus decisiones y comportamientos.
El abuelo de Donald, Friedrich Trump, nacido en Alemania, emigró a Estados Unidos y construyó una fortuna; murió cuando su hijo Fred -el padre de Donald-, tenía 12 años.
Fred Trump continuó la tradición empresarial en Nueva York, destacándose como un constructor eficaz. La carencia paterna le pudo llevar a una identificación total con el éxito y la ganancia, necesitando métodos cuestionados por algunos.
Su hijo mayor, el atractivo Frederick Crist Trump Jr. (Freddy), perdió el favor de su padre cuando decidió convertirse en piloto de línea aérea, lo que llevó a que su hermano menor Donald heredara el negocio familiar. Según su hija Mary L., su abuelo «lo desmanteló al devaluar y degradar cada aspecto de su personalidad». Tanto Fred Sr. como Donald se burlaron de él por su decisión de convertirse en piloto de aerolínea.
Freddy padeció dificultades emocionales que le llevaron al abuso de alcohol, por lo que tuvo que dejar en las aerolíneas y volvió a trabajar en el negocio de su padre e hizo mantenimiento en las propiedades de su padre. Falleció a los 42 años de un infarto.
Uno de sus hijos, Fred III tuvo un hijo con parálisis cerebral, tras la muerte del abuelo Fred Sr.; la familia Trump decidió pagarle el tratamiento, pero al revelar el testamento del abuelo había desheredado a sus nietos Mary y Fredd III, lo que les llevó a una demanda alegando que su abuelo padecía demencia y había sido influenciado.
Donald, quien más tarde dijo que «estaba enojado porque demandaron», suspendió los beneficios médicos para los hijos de su hermano, así como para su sobrino, el hijo pequeño de Fred III.

La propia Mary, psicóloga clínica escribió un libro titulado «Demasiado y nunca bastante: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo«.
En la primera parte, titulada «La crueldad es el punto» la autora describe el personaje de Fred Sr., el patriarca mayor de la familia, e intenta dilucidar cómo el tratamiento que le dio a sus hijos tiene un impacto duradero en su familia; Mary diagnostica a Fred como un sociópata altamente funcional, que siempre buscaba usar a los que lo rodeaban para su beneficio, y afirma que la influencia del abuelo Fred aseguró que Donald Trump tuviera un acceso limitado a esta gama de emociones.
La autora afirma que la aparente capacidad psicológica de Donald en el fondo sigue siendo extremadamente susceptible a la manipulación. Además el hecho de entregar documentos sobre maniobras económicas, hizo que Donald y ella se enzarzaran en una pugna legal para impedir que el libro -escrito desde el dolor- se siguiera vendiendo.

Su madre, Mary Anne, escocesa de familia humilde, inmigró sola a EEUU, estudió enfermería y destacó por su resiliencia y sus aportaciones benéficas desde la discreción. Estuco enferma la primera infancia de los hijos, y se manifestó aliviada de que Donald ingresara en una academia militar porque estaba rebelde.
Donald fue enviado en su adolescencia a una academia militar privada, y siguió la estela de su padre.
En su vida adulta trasladó esta lógica al mundo inmobiliario, mediático y económico, aplicándola más tarde a la política.
Ivana Trump, la primera esposa de Donald Trump y madre de tres de sus hijos, murió en 2022 a los 73 años. La causa de muerte se determinó que fue por una caída accidental por las escaleras en su departamento de Nueva York.

Ivana Trump fue una socia activa en el imperio Trump: dirigió hoteles, participó en decisiones importantes y tuvo un rol central en la expansión de la marca, tenía carácter, ambición y presencia pública.
La relación, sin embargo, fue conflictiva tras una relación extramatrimonial de Donald y terminó en un divorcio difícil y público en 1992. Ivana habló de humillaciones, traiciones y de haber sido desplazada. En ese momento, Ivanna habló de humillación, pero rehízo su vida, construyó su propia imagen pública y más tarde habló de sí misma como alguien que sobrevivió a Trump.
Con los años, la relación cambió y reconstruyeron un vínculo más cordial.

El entierro de Ivana en el campo de golf Trump National Golf Club de Bedminsteres una decisión familiar dentro de un espacio que formó parte central de su vida y que tenía beneficios fiscales.
Siguiendo sus ascenso, en su vuelta al poder nadie ha podido limitarlo.
Ha sobrevivido a juicios y procesos de impeachment, e incluso a un atentado.
Su actual esposa Melania Trump, originaria de Eslovenia, emigró a EEUU. Su gesto de entregar una carta de paz a Putin demuestra su sensibilidad, y su incomodidad visible en algunas situaciones.

La personalidad de Donald Trump está profundamente condicionada por la influencia de su abuelo y sobre todo de su padre, Fred Trump. Este ligaba su afecto al éxito y a la ausencia de debilidad, centrada en los resultados más que en los medios.
Cualquier marco educativo y afectivo tiene consecuencias directas sobre la sensibilidad de una persona y en consecuencia, sobre toda su personalidad. Esta estructura interna se reflejará el trato consigo mismo, con los demás y con la realidad.

Si observamos la biografía de Trump, observamos la sumisión, el rechazo de su fragilidad y de sus límites, el daño a su humanidad como igual y como diferente.
Toda su acción en el mundo, buena y mala, es un reflejo de su interior, de una exigencia absoluta de poder, hasta ahora efectivo para compensar sus carencias afectivas tan profundas.
Humilla para evitar su humillación, se agranda para acallar su vulnerabilidad. Que no es tal desde una mirada de amor, no con la mirada utilitarista que tuvo.
Como tan bien apunta el magistral psiquiatra Otto Kernberg, para sostenerse Trump necesita ser amado por los suyos y temido por los demás.
A ello se suma una prolongada experiencia de impunidad frente a la ley, que ha reforzado una sensación de invulnerabilidad.
En este marco emerge también la negación de los límites, incluso de aquellos que impone la propia ciencia. El rechazo de la propia vulnerabilidad y la dependencia ayudan a comprender su hostilidad hacia la dependencia ajena.
De ahí su oposición frontal a la inmigración y a cualquier forma de regulación orientada al bien común, que es vivida no como un pacto social, sino como manipulación o pérdida de control, surgiendo la negación de los límites que siente que impone hasta la propia ciencia.
Su aspiración más elevada aparece cuando sus logros se vinculan a la reducción de conflictos armados, y su aproximación al cristianismo conecta precisamente con esa dimensión del bien.
No obstante, su personalidad limita esta vocación y la vuelven parcial: se aplica preferentemente a los propios, excluyendo a los vulnerables y a quienes quedan fuera de su marco identitario.
Esta selectividad entra en colisión con el núcleo del mensaje cristiano, basado en la compasión universal, la inclusión y el rechazo absoluto de la violencia como medio.
Si avanza la escalada de su poder y los demás se comportan como objetos, empeorará y se confundirá más, en la medida que está haciendo a los demás lo que le hicieron.
Sin embargo si le ponen límites unidos desde la igualdad porque alguien no acepta que se conculque, puede ser que lo llegue a entender porque él tampoco lo soporta, y empiece a soportar posiciones parciales, no tan absolutas sin verse tan atacado.
No obstante en su mandato ha habido mecanismos de defensas muy omnipotentes y primitivos que hacen ver la gran angustia interna.
Hubo una primera fase de defensa propia con el poder de los aranceles; otra fase centrado en proyectos de paz, y como tenía tanta ascendencia con Israel alimentó la sensación de decidir en el mundo.
Luego se desató el ansia de expansión externa y la necesidad de dominio con la represión de su pueblo y un discurso ausente de límites.
Como su realidad no es sostenible, con el tiempo si le vence la angustia puede actuar más (acting out) o aparecer un deterioro.
Si no, irá habiendo una escalada de intervención, un engrandecimiento del yo que esquivará sus propios límites invadiendo los ajenos, hasta que encuentre solo su propio límite en la historia, y eso será peor.
Solo tocará fondo cuando acepte que, en democracia y además desde una perspectiva creyente, su poder le ha sido dado.



