En ocasiones hay personas que después de escucharlas un buen rato, intentas intervenir y no te dejan hablar.
Quizás no fueron tratadas en su día como merecían.
Recuerdo que, en una de esas primeras entrevistas, alguien me dijo:
“Si es que ya sé lo que me va a decir.”
A lo que le respondí con suavidad:
“Disculpe… es que a veces ni yo mismo sé del todo lo que voy a decir.”
(Y era la verdad. Porque en el curso de una conversación, la mente es creativa, y pueden emerger pensamientos que ni uno mismo sabía que los iba a pronunciar).
Dicho eso, la conversación se relajó.
Por cierto, intenté que no se arrepintiera de haber venido a hablar conmigo.


