La mente humana es tan apasionante como compleja.
Un rasgo notable es que, a diferencia del cuerpo, puede mejorar con los años.
Hay personas que, tras haber sido rígidas o severas en su juventud, se vuelven más pacientes, más sensibles, más humanas en la madurez.
La vida interior no está destinada necesariamente al deterioro y al desgaste: puede desarrollarse, afinarse y ampliarse si encuentra las condiciones adecuadas.
Ahora bien, del mismo modo que puede evolucionar, también puede estancarse o deteriorarse.
La salud mental perfecta no existe como realidad alcanzable: es una construcción teórica, un ideal, no un estado definitivo.
Por ello, no es algo que simplemente se “tiene” o “no se tiene”, sino una realidad dinámica y progresiva.
La salud mental no es un punto de llegada, sino un proceso continuo que atraviesa y acompaña toda la existencia.


