Un querido paciente de Requena me ofrecía, en cada visita, una oportunidad de aprender.
Fue un privilegio cada encuentro.
Nunca olvidaré una frase que me regaló un día, dicha con la serenidad de quien ha comprendido mucho:
“Yo no puedo enseñarle nada, solo puedo compartirle mi experiencia.”
Y fue, justamente, quien más me enseñó.


