Cuando alguien acepta sus errores -y también los nuestros- solemos decir que esa persona “es muy humana”.
Curiosamente, usamos esa palabra más para hablar de nuestras debilidades que de nuestras virtudes.
Porque el perfeccionismo gasta mucha energía.
Mientras que reconocer nuestras imperfecciones nos permite ser realistas sin tanta presión.
El amor consiste en buscar siempre la excelencia en lo que hacemos -dar nuestra mejor versión en cada momento-, no en buscar la perfección.
Entenderlo libera, pues solo así podemos disfrutar del proceso.
Y eso también es hacer las cosas bien.


