Todas las personas somos iguales en dignidad.
No existen seres humanos “más dignos” o “menos dignos”: la dignidad no se mide, no se gana ni se pierde.
Simplemente se tiene por el hecho de ser persona.
Es un derecho universal.
Pero todas las personas somos únicas e irrepetibles.
De tal manera que si quisiéramos hacer a dos personas exactamente iguales, les quitaríamos su dignidad.
No debería ser un motivo de conflicto que seamos distintxs, sino que se falte al respeto a nuestra dignidad común o al reconocimiento de nuestras diferencias personales.
PD. Estos conceptos los podremos aplicar cuando analicemos en la sección de «Más allá de la polarización» lo que ocurre en sociedades neoliberales, comunistas, o en estados confesionales religiosos.


