Junto al vertiginoso avance tecnológico, también ha habido un crecimiento incesante de la polarización. Parece como si las ideologías contemporáneas aspiraran a tener la misma certeza que la ciencia, pero solo logran una manera rígida de sentir y pensar.
Los opuestos
Los opuestos no son más que los extremos de una misma cosa.
Tomemos el calor y el frío: la manifestación del frío se debe a la disminución gradual del calor, no podríamos señalar con precisión dónde termina cada uno.
Lo mismo sucede con lo grande y lo pequeño, lo alto y lo bajo, la luz y la oscuridad.
Las frecuencias elevadas dominan a las bajas. Como ocurre con la luz y la oscuridad, el odio es la consecuencia de la falta de amor.
El mundo de las ideas
¿Pero, por qué en en plano de las ideas y creencias, cada vez hay menos intermedios o matices?, ¿Por qué solo caben dos posturas opuestas e irreconciliables?
Parece como si hubiéramos absolutizado cada extremo, y así nos aseguramos que tenemos al menos parte de razóna. Qué parte elegimos cada cual es un tema a veces insondable, y en ocasiones con raíces biográficas. Se identifica cada cual con unas ideas y como siempre tienen parte de razón, ya parece estar todo pensado.
¿Qué características y qué consecuencias tiene esa forma de pensamiento?
Cada lado pretende:
Estar en posesión de la razón. Poseer la verdad absoluta, estar en la realidad, y presuponer que la parte contraria está equivocada, no tiene un ápice de razón.
Ser el bien absoluto. Una parte sabe lo más conveniente, mientras la contraria es considerada como la encarnación del mal y por lo tanto es muy peligrosa y dañina.
Enfrentamiento y lucha por el poder. Unxs están “enfrente de otrxs”; hay que oponerse. Jamás se mezclan en bien o la razón de cualquiera de las dos partes. Se trata de conseguir el poder para anular o minimizar la influencia del rival.
Fomentar el odio. El enfrentamiento lógicamente conlleva a la crispación, la intolerancia, porque una de las partes sobra, y la vida nos impone tener que soportarla, lo cual se hace muy duro. El deseo es de que la otra parte “desaparezca”.
Generar desconfianza. El otro se percibe como destructor de mis valores humanos; temo perderlos y que se impongan los de los rivales, y la amenaza nunca desaparece.
EFECTOS DE LA POLARIZACION EXTREMA
La evolución de la polarización lleva a que si una parte tiene poder suficiente le prive la posibilidad a la otra de que resurja: se logra mediante la pérdida de derechos y de libertad.
Los síntomas son el unilateralismo, el extremismo y la victoria por la fuerza, junto a la anulación de la igualdad y dignidad de la parte vencida y la falta de integración y convivencia de las personas de dos fracciones.
La polarización máxima postula la eliminación del contrario y a su exterminación. Ocurre si se unen fundamentalismos religiosos o ideológicos e intereses geopolíticos. Antiguamente estados buscaban expandirse, saquear, adquirir territorios geo-estratégicos; un estado fundamentalista no desea eso, solo matar, aniquilar, si siquiera invadir (1)
Una polarización moderada busca vencer. Si fuera un gobierno militar, invadir otro territorio
El péndulo de los extremos
La historia se mueve como un péndulo: pasamos de un extremo al otro, intentando corregir el error anterior, pero repitiendo el mismo patrón con signo contrario.
La sucesión es que el daño producido por un extremo crea un sentimiento inconsciente que permanece en nuestro interior. Nos lleva sin saberlo a no querer repetir el patrón para no dañar, pues es un mal que hemos experimentado y llevamos en nuestras entrañas; entonces tendemos a considerar como buena la opción opuesta, hasta que la experiencia nos muestra que, aunque conlleva una parte de bien, también genera otro tipo de secuelas negativas: las contrarias.
Este sentimiento actúa como un verdadero inconsciente colectivo de lo bueno y lo malo, y es muy potente.
Como me decía un paciente: “¡Lo que antes era bueno, ahora es malo, y lo que era antes malo, ahora es bueno!”.
Por ejemplo, si vivimos una época de autoritarismo -que es una falta de respeto-, pasamos a otra de falta de autoridad, porque tenemos temor a ser autoritarios. Pero esto deja otro tipo de secuela -la falta de límites-, que también conlleva a otra falta de respeto. Lo adecuado y lo difícil sería lograr el respeto de todxs a todxs.
Es decir, el mal lo sentimos, y como seres humanos que somos, no queremos repetirlo. Sin saberlo nos vamos al otro extremo. Con el bien ya no lo tenemos tan claro, pues pueden operar las ideologías. Por eso es muy importante, como tanto insistía Rogeli Armengol, en no dañar, porque es respetar nuestra naturaleza, ya sea física, psíquica o moral.
Por seguir con el ejemplo. Venimos de una época de predominio autoritario, donde las personas mayores eran consideradas superiores a los menores, los hombres a las mujeres, y el deber al placer. Actualmente es muy difícil que haya una autoridad que «imponga» regular el acceso al uso de teléfono móvil desde la infancia a pesar de que se ha demostrado sus efectos nocivos para el desarrollo de nuestras capacidades, y la legislación al respecto es muy lenta.
Lo verdaderamente absoluto
El humanismo nos recuerda que existe el bien y el mal, pero no existen “lxs buenos” y “lxs malos”. No hay ninguna persona ni ninguna postura tan buena que no tenga nada malo ni tan mala que no tenga nada bueno.
Las ideologías no son absolutas: las personas sí lo somos, y las ideas deben estar a nuestro servicio, no al revés.
El humanismo absoluto elimina las polaridades, y la polaridad absoluta elimina la humanidad.
Lo interesante es que si analizamos cada aspecto del debate desde el humanismo, se pueden integran los contrarios, y acertar en una postura equilibrada para que no dañen a ninguna persona. Eso intentaremos hacer en los próximos capítulos con cada tema.
Hacia un círculo virtuoso
Porque si vemos la realidad que la polarización, intuimos que si avanza, lleva a un círculo vicioso, un tipo de escalada que no nos interesa a las personas, en virtud de que la fuerza puede con la debilidad (ya nos detendremos, tiende a la ley del más fuerte; en el humanismo ¡es al revés!).
Habría que equilibrar la balanza para caminar por el círculo virtuoso de la paz.
Porque si incluso el mundo material los opuestos en ocasiones se complementan y coexisten, ¿por qué le cuesta tanto hacerlo también nuestra mente? ¿por qué nuestra mente insiste en dividir lo que la realidad une?
La naturaleza vive de los matices; solo el pensamiento polarizado los destruye.
Y mientras no aprendamos a pensar con esa misma armonía, seguiremos viendo conflictos donde solo hay diferencias.


