Resulta natural juzgar en la vida, por algo es un atributo que tenemos.
Pero para juzgar moralmente a alguien hay que conocerlo todo: sus circunstancias, sus capacidades, sus limitaciones.
Solo entonces podemos concluir que actuó con plena libertad y que su verdadera intención, pudiendo elegir, fue optar por el mal.
Y eso es imposible.
Lo único que podemos en-juiciar son los hechos.
Lo que se hace y lo que se dice.
Pero la persona completa siempre queda fuera de nuestro alcance.
Opinar sobre conductas es legítimo.
Condenar vidas ajenas, no.


